Cuando se habla de los casos “Oderbrecth” y “Construcción y Corrupción” uno piensa en rutas habilitadas como parte del negocio, pero la verdad es que el camino de la corrupción quedó debidamente asfaltado desde tiempos de Otto Pérez Molina y la exoneración total recibida esta semana por Alejandro Sinibaldi, quien era el ministro a cargo de la “construcción”, nos hace pensar en que ese asfalto no quedó simplemente en facilitar negocios sino en garantizar la impunidad absoluta.
En efecto, las investigaciones realizadas en aquellos años, que llevaron a la cárcel al Presidente, la Vicepresidenta y varios de sus ministros, dieron elementos suficientes para saber que la ruta de la corrupción estaba ya en pleno funcionamiento, pero esas investigaciones hicieron también evidente, que para los efectos de la corrupción, no bastaba una simple carretera sino hacía falta una gran autopista que garantizara que nadie fuera a ser condenado por los más escandalosos casos de corrupción.
Y tanto el diseño como la ejecución de esa “maravillosa obra” se realizó con extremo cuidado, al punto de que quien se roba millones del erario público recibe la absolución del sistema de justicia que, además permite que quienes hicieron chinche con ese dinero sean ahora los acusadores en un sistema que pasa factura a millones de guatemaltecos. Sinibaldi y su banda, incluso quienes le cobraban las mordidas, ahora se dan baños de pureza y son los típicos mafiosos que buscan hablar de ideología para esconder sus mañas.
Un mérito que hay que darle a estos personajes es que el sistema que usaron con las adjudicaciones, el dinero de las mismas y la forma de recolectarlo / usarlo, es el que ahora utilizan los miembros del crimen organizado y el narcotráfico para lavar sus recursos.
Tras los errores en la época de CICIG cuando se le cuestionó y con razón que no cargó los dados de forma pareja, hubo que empezar a recomponer la “autopista” de la corrupción” y ahí encontraron a un Jimmy Morales, quien se presentó como ni corrupto ni ladrón, ayudó a recomponer el modelo y a quien le sirvió tener a Manuel Baldizón como contrincante. Irónico que quienes cobraron mordidas para actuar contra el condenado por narcotráfico, ahora compartan espacios con el hijo de este personaje.
Y como los “logros” de todos deben reconocerse, no hay que pasar por alto el maravilloso trabajo que hizo Alejandro Giammattei, acompañado de su inseparable pareja sentimental -el Jefe de Jefes-, pareja que operó junto a la muy diligente y comprometida Fiscal General Consuelo Porras. Para ello maniobraron para controlar todo el sistema de justicia y sentaron las bases para asegurar que, por ejemplo, si un magistrado recibe dinero del crimen organizado, igual puede presidir la Corte Suprema de Justicia.
El éxito de la ejecución de esa autopista debidamente asfaltada para garantizar la más absoluta impunidad para los que son parte del sistema podrido está a la vista y, por supuesto, no cambió en los estructural ni siquiera después de que los ciudadanos guatemaltecos se volcaron a las urnas para elegir a quien gozaba del prestigio heredado del doctor Juan José Arévalo.
Aquellas fotos de Curruchiche saludando cariñosamente a Baldizón, creyéndose nada más y nada menos que el Fiscal del Pueblo, demostraban claramente cuál era y sigue siendo el rumbo del país como lo pudimos ver con esta última sentencia a favor del exministro encargado de la construcción (y corrupción) en el régimen de Pérez Molina.
Guatemala merece mejor, la gente merece algo distinto y generar oportunidades vía inversiones demanda un Estado de Derecho que funcione de verdad y para todos.








