Va agotándose el tiempo para que termine el período del Rector Walter Mazariegos, mismo que inició tras un burdo fraude electoral que, por supuesto, el Ministerio Público de Consuelo Porras no se tomó la molestia de investigar, sino que, como hizo con tantos casos, simplemente engavetó denuncias y pruebas y fue en contra de quienes denunciaron. En estos momentos, luego de su “reelección”, se vive un verdadero pulso entre las fuerzas que participaron o apoyan el nuevo fraude y quienes creen en el Estado de Derecho y la preeminencia de la justicia, especialmente cuando se trata de personajes marcados por la corrupción.
Walter Mazariegos no puede asumir el cargo, por más que haya manipulado la última elección, debido a que carece de finiquito y ese requisito es indispensable, tal y como ya lo expresó el presidente Bernardo Arévalo y la Procuraduría General de la Nación. El “Rector” sostiene que la falta de finiquito es un chantaje de la Contraloría General de Cuentas, pero quien conozca a ese peculiar individuo sabe que si fuera un chantaje, Mazariegos ya habría ofrecido el oro y el moro. El Rector es de esa gente que está dispuesta a todo para lograr sus fines. El refranero popular dice que hay quienes venden a su madre con tal de lograr lo que ambicionan y esa expresión casa perfectamente con el comportamiento que ha mostrado la principal autoridad de la Universidad de San Carlos.
De suerte que lo del tal chantaje no cabe dentro de las argumentaciones por la razón expuesta y porque la Contraloría presentó oportunamente las denuncias ante el Ministerio Público, aún desde los tiempos de Porras, y las mismas tienen que ser investigadas, pues si se accionó legalmente ante el MP es porque en los manejos financieros de la Usac hay indicios de la comisión de delitos.
Es una prueba de fuego, quizá la más importante hasta el momento, que tiene en sus manos el Fiscal General que llegó con el compromiso de terminar con el vicio enraizado de enterrar y meter bajo la alfombra cualquier denuncia que involucrara a los miembros de las mafias que han tomado tanto poder como para controlar a Guatemala. Mazariegos operó con la total y absoluta confianza de que sus fraudes no serían investigados porque era una de las cuestiones pactadas con Consuelo Porras y su equipo, razón por la que llevó a cabo los más descarados y burdos fraudes en la historia de la tricentenaria universidad.
Por supuesto que los magistrados comprometidos con el sistema, entre ellos los que fueron electos por la influencia de quien se encargó, literalmente, de los “negocios” de la más poderosa embajada, han cínicamente avalado el fraude y distintas instancias judiciales operan en ese marco. Pero el MP tiene ahora la oportunidad de mostrarle a la ciudadanía si el viraje es profundo para el rescate de la justicia, la legalidad y la institucionalidad.








