Durante los últimos años las licitaciones públicas se han armado específicamente para favorecer a determinados proveedores, la mayoría de ellos de reciente creación, porque eso ha sido y en alguna medida sigue siendo parte de la jugada, haciendo que los más serios y experimentados se abstuvieran de hacer ofertas, pues sabían cómo se estaban armando las cosas. Eso ha ocurrido en toda clase de contratos, desde medicinas hasta compra de vehículos (lo vimos el año pasado), pasando por la obra de infraestructura del país, puesto que llegó a ser tan obvio el manejo que hacer el esfuerzo de preparar una oferta seria terminaba siendo inútil y una pérdida de tiempo, ya que no era calidad lo que se mandaba sino el tamaño de la mordida.
Viene a cuento lo anterior al ver la última licitación realizada por el Ministerio de Gobernación para proveer de vehículos a la Policía Nacional Civil y se observa cómo, con la presencia de un ministro que se muestra decente, vuelven a ofertar empresas que seguramente lo pensaron mucho por los niveles de corrupción que se generalizaron. En esta última negociación resultó que las empresas creadas recientemente como distribuidoras de vehículos de marcas sin respaldo de las casas matrices, quedaron fuera porque no pudieron acreditar ni la calidad del producto ni el adecuado mantenimiento en caso de ganar la licitación.
En otras palabras, cuando se percibe que las cosas tienen rumbo distinto, las cabezas no operan negocios y que se puede enderezar el rumbo, las empresas serias tienen nuevamente cancha y las de cartón quedan en evidencia, pues no llenan los requisitos de calidad y garantía de servicio. Por supuesto, que en toda licitación el oferente que gana tiene una utilidad importante, ya que no se trata de obras de caridad, sino de actividad comercial lisa, llana y legal, pero lo más importante es que la Policía Nacional Civil, en este caso, pueda disponer de vehículos adecuados y de calidad para el cumplimiento de sus fines, cosa que no iba a pasar con la licitación del año pasado, pues las patrullas no iban a servir ni para chatarra.
Guatemala debe enderezar el rumbo y ello significa que se tiene que contratar a quien ofrezca la mejor calidad. Si eso llega a ocurrir con la compra de medicinas, por ejemplo, no tendremos escándalos como el de las vacunas Sputnik o los otros medicamentos comprados durante el Covid y como sucede en casi toda operación relacionada con el tema de salud. Si cambia el rumbo, tendremos mejores carreteras porque empresas serias estarán dispuestas a participar sin tener que competir con quienes ya tienen hechos los arreglos mediante jugosas mordidas y pactos muy sucios.
Estamos viendo que se puede enderezar el rumbo y la compra de patrullas es un primer paso que debe ser imitado por otras dependencias del Estado.








