Recién caída la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, Clemente Marroquín Rojas, que había destacado dentro del movimiento estudiantil que participó en la gesta que puso fin a la tiranía de 22 años, decidió fundar un diario con la intención de que fuera un medio para trasladarle información a un pueblo que durante más de dos décadas había estado sin conocer la realidad porque el dictador ejerció una tremenda censura.
Ayer se cumplieron 106 años de la fecha en que se publicó la primera edición del diario La Hora, con el solemne compromiso de luchar por la democracia y contra cualquier forma de dictadura; tanto ha marcado eso nuestra vida que luego, en 1931, Clemente Marroquín Rojas fue obligado por Jorge Ubico a dejar el país, perdiendo contacto durante 14 años con su familia y suspendiendo las publicaciones de La Hora. En las postrimerías de ese régimen logró publicar unas cuantas ediciones que fueron impresas en Chiapas, México, y trasladadas subrepticiamente a Guatemala.
Fue en octubre del 44 cuando revivió nuevamente La Hora, que se mantiene hasta nuestros días cumpliendo con el sueño y compromiso de su fundador, gracias a 4 generaciones comprometidas con tratar de informar objetivamente a un pueblo que ha soportado demasiados años de dictaduras y que, ahora mismo, sufre una que no es ejercida por un dictador, sino por un conjunto de mafiosos que se adueñaron del sistema de justicia, del sistema político y que han querido robar hasta la dignidad de un pueblo al que le han robado no solo dinero, sino las oportunidades para mejorar su calidad de vida.
La vida de La Hora no ha sido fácil en ninguna de sus épocas; durante muchos años logró subsistir mediante una eficiente operación en las publicaciones legales, lo que permitía ingresos que daban enorme independencia. Esa realidad la cambiaron con la idea de la diputada Andrea Villagran de eliminar la obligación legal de publicar edictos en medios privados, misma que luego fue retomada por otros pensando que con ello mataban a La Hora. El mismo diputado Álvaro Arzú, semanas después de haber impulsado esa ley con el exclusivo propósito de “acabar” a La Hora, preguntó: “¿Y La Hora todavía existe?”, cuando un reportero le hizo una pregunta diciendo que era periodista de La Hora, presumiendo de la intención de él sus compañeros diputados.
Gracias al esfuerzo de nuestros compañeros periodistas y de toda clase de colaboradores a lo largo de tantos años, de anunciantes —y desde hace 6 años a la inversión y confianza del genio guatemalteco Luis von Ahn—, seguimos manteniendo esa independencia y existiendo para dolor de cabeza de quienes se roban el dinero de la gente, de los dictadores, de los enemigos de la democracia, del desarrollo y de la libertad, pero trabajamos sobre todo para dar esperanza de empoderamiento y cambio a esos millones de personas honradas, trabajadoras y entregadas que hacen este país especial.
Nos esforzamos por hacer que el Estado se libere del secuestro al que ha sido sometido, para que vuelva la justicia y para que los operadores de la corrupción paguen por los crímenes que han cometido, empobreciendo a un pueblo que se ha visto obligado a migrar y ha complicado el camino de esos millones que permanecen en Guatemala trabajando e invirtiendo para hacer que este país ofrezca mejores oportunidades.
Repetimos que, a pesar de los pesares y Gracias a Dios, ¡seguimos de frente!








