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Ayer el Fiscal General anunció la destitución de Rafael Curruchiche, quien se desempeñaba (es un decir) como jefe de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad. Es muy importante leer el reportaje publicado hoy sobre cómo operó en muchos casos, entre ellos Odebrecht y todo lo que tuvo que ver con Giammattei y Martínez. Y es que quien se decía el Fiscal del Pueblo realmente fue el fiscal encargado de enterrar casos como el de los negocios de figuras como Sinibaldi y, sobre todo, otros como el de la alfombra rusa que quedó, literalmente metido bajo otra alfombra para que nada incomodara a la pareja que recibió mucho, de diversas maneras y de varios contratistas.

Lo de Fiscal del Pueblo se equipara a la frase que pronunció Consuelo Porras en su despedida al decir que 95% de la población respaldaba su gestión al frente del Ministerio Público; sin duda que serán expresiones que pasarán a la historia cuando se tenga que escribir o hablar de actos de exagerado y burdo cinismo. Curruchiche, junto a otros y otras fiscales que sin duda tendrán que rendir verdaderas cuentas, destacó por su disposición a utilizar el Ministerio Público para perseguir a los que criticaban la corrupción así como el papel del mismo MP apañándola, pero sobre todo por la forma en que enterró tantas denuncias que implicaban a aquella parejita que dirigió los destinos del país.

Pero no se puede ignorar cómo muchos casos que fueron objeto de serias investigaciones y que permitieron encausar a destacadas figuras de la vida política nacional, fueron desmantelados porque se presentaban argumentaciones deliberadamente mal hechas para facilitar que los jueces apalabrados pudieran ordenar el cierre de los respectivos procesos y la devolución del dinero mal habido.

La destitución de Rafael Curruchiche era un paso obligado, sobre todo si se materializa lo que el Fiscal General ha dicho, en el sentido de buscar una limpia y saneamiento del Ministerio Público, tarea que tendrá sus retos por los acuerdos de un pacto colectivo suscrito por Porras que protege a quienes fueron sus leales colaboradores. Pero no se puede pasar por alto que hay toda una huella de abuso de poder y manoseo de las investigaciones, ya fuera para lograr condenas contra los críticos del sistema o para asegurar total impunidad a quienes se enriquecieron robando el dinero de los guatemaltecos.

Viendo las reacciones tras el anuncio que hizo la Fiscalía General de la destitución se entiende que era uno de los sujetos más aborrecidos por la ciudadanía, por ese pueblo que según él representaba. Y también se puede ver cómo los guatemaltecos están realmente deseosos de enderezar el rumbo del Ministerio Público, tarea difícil pero, definitivamente, no imposible.

Ahora, será momento especial para Curruchiche cuando le toque rendir cuentas: ¿enfrentar solo la responsabilidad o sumar al equipo a quienes le daban órdenes porque habían ofrecido Consuelo y un Ángel Guardián a quienes habían cruzado líneas que no debían?

Redacción La Hora

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