Editorial
En la foto, de izquierda a derecha; la Fiscal General y Jefa del Ministerio Público, Consuelo Porras; el presidente de la República, Alejandro Giammattei; y el Jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, Rafael Curruchiche. Imagen: Roberto Altán / La Hora.

Alejandro Giammattei, al iniciar el proceso de transición del mando con Bernardo Arévalo, se supo posicionar ante la opinión pública y los observadores internacionales como un gobernante maduro que reconoce y respeta la voluntad popular, dejando que el papel de villanos lo desempeñen únicamente Consuelo Porras y Rafael Curruchiche, quienes siguen dirigiendo las acciones contra Arévalo y Semilla. No cabe duda que atrás del gobernante hay algún buen estratega que supo aconsejarle para que sobre él no caiga ninguna responsabilidad del plan, que sigue en marcha, para revertir el voto de los guatemaltecos deseosos de cambiar el sistema político.

Tanto Almagro como los funcionarios del Departamento de Estado que vinieron a Guatemala en estos días se mostraron satisfechos por la actuación del gobernante, que no solo inició el proceso de transmisión del mando, sino que reconoció de manera formal y categórica el triunfo del doctor Bernardo Arévalo en las pasadas elecciones. Y marcó distancia públicamente con el desempeño del Ministerio Público (MP), situación que el mismo MP se ha encargado de reafirmar con las publicaciones que ha hecho sobre la regañada al Secretario General de la OEA, rechazando su “injerencia” en los asuntos internos del país.

Las acciones para alterar el proceso electoral siguen ejecutándose en el Ministerio Público y en la UNE, el partido perdedor que no solo se prepara para pedir la anulación de las elecciones, sino que formuló serios señalamientos contra el mismo Presidente luego de la reunión de transición que mantuvo con Arévalo, afianzando con ello la impresión de que Alejandro Giammattei se bajó del barco que, al parecer, comanda en soledad Consuelo Porras.

En otras palabras, pese a todo lo que se pueda criticar de su gestión, en el momento actual Giammattei aparece distante de la postura de las autoridades del Ministerio Público que asumen plenamente la responsabilidad de lo que está ocurriendo y de lo que pueda venir en el futuro inmediato, cargando con el peso de las reacciones críticas adentro y fuera del país.

Personas bien informadas de interioridades del gobierno han señalado que para nombrar a Porras se exigió previamente una carta de renuncia, sin fecha, que sirviera de garantía de que no se emprendería ninguna acción contra el Presidente y su círculo más cercano, carta que obligaría a Porras a jugar de villana mientras Giammattei se viste de bueno en la película.

Es por ello que decimos que Giammattei se supo colocar en el bando de la democracia, dejando que los ataques contra la voluntad popular vengan de personas que no tienen, formalmente, dependencia de su autoridad y de su actuar.

Redacción La Hora

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