Cuando en política escucho a los analistas políticos decir y opinar sobre eventos políticos como: selección de candidatos, movimiento y estructura de partidos, campañas preelectorales y electorales, fallos legales y no legales dentro del acontecer nacional y partidista, y darle el epíteto a todo lo que se presenta a riesgo de no ir conforme leyes y mandatos constitucionales de “es lo normal”, me entra pavor ante el uso que se hace de esa palabra. No sé si con ello quieren decir habitual, legal, correcto, ético, ¿qué quieren decir con Normal?

De sentido común me parece que cuando una persona –no solo el político– califica de «normal» un acto cuestionable, confunde lo que ocurre habitualmente (frecuencia estadística) con lo que debe ser (legalidad, ética o corrección). Convierte la costumbre en justificación.

No existe un estudio cuantitativo o cualitativo específico en Guatemala que mida de forma exclusiva la comprensión léxico-semántica de la palabra «normal» en el político o la ciudadanía. Sin embargo, sí existen investigaciones sociológicas, politológicas y sociolingüísticas en el país que abordan exactamente este fenómeno bajo otros marcos teóricos y herramientas analíticas.

A la altura del 2013, Luis Mack, publicó: “Anomia Regulada: Una lectura institucional de la realidad guatemalteca”. En dicho estudio explica el comportamiento político en Guatemala. Él describe cómo las conductas al margen o en el límite de la ley no se perciben como una ruptura del orden, sino como la regla no escrita con la que funciona el sistema. Entonces cabe entender que cuando el analista dice «es normal», está verbalizando la anomia regulada, entendiendo que el sistema ha creado un consenso implícito donde la anomalía institucional se ha vuelto el estándar operativo y ha adquirido dentro de lo social, un certificado de aceptable y posible.

Por otro lado, informes de cultura política en Guatemala, como los realizados por ASIES o el Barómetro de las Américas (LAPOP), analizan periódicamente la percepción ciudadana sobre la corrupción y la institucionalidad. Dichas mediciones muestran recurrentemente, a lo largo del tiempo, una alta tolerancia pasiva o resignación. La ciudadanía y los opinadores entienden lo «normal» no como algo ético o correcto, sino como algo inevitable y predecible. Lo anterior puede permitir concluir que cuando alguien dice «es lo normal», transmite un mensaje subliminal de impotencia: “Así son las reglas del juego, no se sorprendan ni esperen otra cosa”.

Finalmente, nos encontramos sociólogos que han estudiado cómo el lenguaje político eufemiza la falta de transparencia. Palabras como transfuguismo, clientelismo, pacto o gastos de representación, sufren un proceso de naturalización. La palabra normal actúa como el eufemismo definitivo: borra el límite entre lo legal y lo ilegal, desactivando el juicio moral del oyente.

Un filósofo diría de nuestro discurso político sobre lo normal que cae en falacia naturalista (trasladar el es al debe ser) pues señalaría que estamos jugando con cuatro significados muy distintos: «Ocurre siempre, por lo tanto no se asuste” (frecuente y habitual). Está amparado por la ley». (Aunque no lo esté). «Es la forma en que se hace la política real«. (Aceptable / Correcto). «Intentar cambiarlo es ingenuo o imposible«. (Inviolable). Al mezclar estos términos en la palabra «normal», el mensaje del analista (sea individuo sea institución) despoja al ciudadano de la capacidad de indignarse. Convierte un acto posiblemente ilegal o antiético en un simple pronóstico meteorológico.

«…y me entra pavor porque en esa sola palabra se confunde lo habitual con lo legal, y lo frecuente con lo correcto. Nos están pidiendo que aceptemos la anomalía como norma». ¿Usted qué piensa?

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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