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El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, continúa con su posición de no aceptar los resultados de las elecciones presidenciales de su país, y afirma que desconoce la legitimidad del presidente electo De la Espriella y denuncia un “fraude electoral por vía algorítmica”.  

La torpeza de este cretino (Petro) de no aceptar los resultados electorales, sin pruebas fehacientes y encima denunciando que el fraude sucedió por “vía algorítmica”, es una monumental estupidez.  Ni siquiera el exfiscal Curruchiche fue capaz de llegar a decir una idiotez de ese calibre cuando denunció el supuesto fraude electoral del que acusaron, sin pruebas también, al actual presidente Arévalo.

De hecho, el presidente electo De la Espriella dio instrucciones a su compañero de fórmula para suspender inmediatamente el proceso de transición con el gobierno saliente. La obtusa postura de Petro, quien en pocas semanas será expresidente, evidencia su inmadurez para aceptar una derrota política, así como una preocupante obcecación por mantener a su partido en el poder, patrón que hemos visto repetido en varios gobiernos latinoamericanos. Ciertamente el perdedor de las elecciones, Iván Cepeda, ha demostrado mucha más madurez y criterio que Petro

Aquí en Guatemala Giammattei y su pareja fueron más lejos, utilizando el larguísimo período de transición que otorga nuestro país (6 meses desde la primera vuelta), para torpedear, desde el Ministerio Público, al gobierno de Arévalo, secuestrando las actas de votación del mismísimo Tribunal Supremo Electoral y denunciando públicamente un supuesto fraude que, a la postre, no lograron probar.

No se pueden pasar por alto las similitudes entre lo que sucedió en Guatemala en 2023, en el “conservador y derechista” gobierno de Giammattei y lo que ocurre ahora en Colombia en el “liberal y progresista” gobierno de Petro.  Ambos mandatarios, cada cual a su manera, no aceptaron los resultados electorales y buscaron medios, legales o no, para evitar que el vencedor en los comicios de cada país acceda a la presidencia. Petro continuará haciéndolo hasta que deje el poder, mostrándole al mundo que su vocación no es democrática, menos republicana.  Quiere ser un dictadorzuelo más, de esos que abundan en nuestra región.

A De la Espriella le toca dirigir un país profundamente dividido, prácticamente partido a la mitad, con un Congreso muy fragmentado con 38 agrupaciones políticas representadas y de las cuales más de la mitad cuenta con un solo representante, y un Senado también fragmentado con 11 partidos políticos representados.  En ambos cuerpos el partido de Cepeda tiene la mayor cantidad de escaños, mas no mayoría de votos. Gobernar en estas condiciones es muy sumamente complejo y requiere de muchísima habilidad para lograr alianzas políticas que permitan al Ejecutivo ejercer su mandato sin mayores contratiempos.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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