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Por: Mario F. Cole Putra

Nació el 8 de Junio de 1994. Escritor. Fue estudiante de Filosofía y Teologia.

Actualmente vivimos en un mundo donde todo parece cada vez más sofisticado. Cada año surgen nuevas innovaciones en el campo de la tecnología, y estas innovaciones influyen y transforman nuestra manera de vivir, de pensar, de trabajar e incluso de relacionarnos con los demás. Estas tecnologías avanzadas están profundamente entrelazadas con la vida cotidiana del ser humano.

El desarrollo de la tecnología, la información y la comunicación tiene como finalidad servir al ser humano. De manera más profunda, la Iglesia también reconoce que la presencia de la tecnología en la vida humana puede considerarse un don. En Antiqua et Nova, se afirma que la Iglesia promueve el progreso de la ciencia, la tecnología, el arte y otras formas de esfuerzo humano, considerándolos parte de la cooperación entre el ser humano y Dios en el perfeccionamiento de la creación visible (AN 2).

Sin embargo, la creciente sofisticación de la tecnología, la información y la comunicación también genera inquietudes. La posición del ser humano frente a la Artificial Intelligence (IA) está cambiando. En lugar de limitarse a facilitar la vida, las personas comienzan a dejarse adormecer por las facilidades que ofrece esta sofisticación tecnológica. Uno de los efectos más preocupantes es el retroceso de la capacidad humana para pensar por sí misma.

¡Atrévete a Pensar por Ti Mismo!

En su famoso ensayo What Is Enlightenment? (1784), Immanuel Kant sostiene que una persona inmadura es aquella que depende ciegamente de la orientación de otros. En términos sencillos, se puede decir que una persona inmadura es incapaz de usar adecuadamente su propia razón. Así como un bebé depende totalmente de la guía de otros, también quien no utiliza su propia razón permanece en un estado de inmadurez.

Para salir de esa condición de “inmadurez”, las personas deben atreverse a usar su propia razón. De allí surge el famoso lema de Kant, Sapere Aude!, que significa: ¡Atrévete a pensar por ti mismo! Mediante el uso de la razón, Kant invita a todas las personas a alcanzar la madurez. El conocimiento surge de la capacidad crítica de pensar y razonar. Gracias a ello, el ser humano puede sostenerse sobre sus propios pies al enfrentarse con la realidad. Esta capacidad de pensar por uno mismo forma personas independientes y autónomas; en otras palabras, personas maduras.

Kant fue hijo de la Ilustración. Gran parte de su filosofía se apoya en la autonomía del ser humano. En aquella época, se invitaba a las personas a usar activamente su capacidad racional. El ser humano no debe limitarse a recibir pasivamente conocimientos desde el exterior. El conocimiento exige una participación activa de la razón para comprender, examinar y evaluar aquello que se recibe.

La valentía de pensar por uno mismo hace posible que las personas formulen preguntas y mantengan una actitud crítica frente a todo: cuestionar tradiciones, dogmas religiosos, cuestionarse a sí mismas e incluso cuestionar sus propios pensamientos. Esta capacidad reflexiva constituye uno de los rasgos distintivos del ser humano como ser racional. Y esta capacidad única es un don de Dios.

Estimular la Capacidad de Pensar

La razón es un don de Dios presente en el ser humano. Esta capacidad no debe debilitarse debido al avance de la tecnología, la información y la comunicación. El desarrollo tecnológico cada vez más masivo en nuestros días nos invita, al menos, a considerar tres aspectos.

En primer lugar, las personas deben adoptar una postura crítica frente al uso de la inteligencia artificial. La conciencia personal es una condición fundamental. Esta conciencia ayuda a evitar una mentalidad marcada por la inmediatez y la dependencia excesiva de la IA. Es necesario reconocer que el uso irreflexivo de la inteligencia artificial puede debilitar la creatividad, fomentar la pereza intelectual, desalentar la búsqueda del conocimiento y fortalecer hábitos de inmediatez.

En segundo lugar, pensar por uno mismo exige leer más libros. La capacidad crítica de la razón está profundamente influenciada por el espíritu lector de cada persona. La lectura revitaliza la capacidad de pensar. El cerebro se ejercita constantemente al formular preguntas, buscar y verificar información, dialogar con distintas perspectivas y mantener una actitud crítica. Quienes leen amplían sus horizontes y enriquecen sus puntos de vista.

En tercer lugar, el conocimiento presente en nuestra mente nos permite ejercitar un pensamiento reflexivo. Este ejercicio puede desarrollarse mediante hábitos simples, como formular preguntas y verificar información. Prácticas de este tipo ayudan a que las personas no acepten de manera acrítica las respuestas proporcionadas por la IA.

En medio de la sofisticación de la inteligencia artificial, el mayor desafío de la humanidad no radica en la aparición de nuevas innovaciones tecnológicas. Desde sus inicios, la tecnología ha ayudado enormemente al trabajo humano. El verdadero desafío consiste en asegurar que el ser humano no pierda el valor de pensar ni la capacidad de usar críticamente su razón. Una humanidad que deja de pensar terminará perdiendo su libertad y su propia identidad.

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