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Mientras escribo estas líneas se aprobó en el Congreso la Iniciativa 6593, mejor conocida como Ley Integral contra el Lavado de Dinero u Otros Activos y el Financiamiento del Terrorismo. Con tretas leguleyas y apelando a la presunción de inocencia consignada en nuestra Constitución, un grupo de diputados de las bancadas Vamos, Valor, UNE y Cabal había intentado modificar la redacción de algunos artículos para hacer inviable la aplicación de dicha ley.  Fallaron en su intento.

El por qué debió ser aprobada no dejaba lugar a discusión.  Las consecuencias de que Guatemala fuera incluida en la lista gris del GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) son muy serias y, aunque no nos aíslan por completo del escenario financiero internacional, ciertamente hacen más difícil y mucho más caro para las empresas guatemaltecas acceder y utilizar el sistema financiero internacional.

Ahora bien, lo que se aprobó fue la ley.  Para que la ley pueda ser efectiva, se debe emitir y aprobar su reglamento, es decir, el conjunto de normas jurídicas que detalla la forma en que la ley se operativiza dentro de nuestro sistema jurídico, es decir, es el instrumento que indica cómo se cumple y aplica la ley en la práctica.  Vale decir que el reglamento, dentro de la jerarquía legal, siempre se encuentra subordinado a la ley previamente aprobada.  Esperemos que el Ejecutivo (que es el ente responsable de crear el reglamento) haya hecho su trabajo y ya tenga un reglamento redactado de forma coherente con la ley aprobada, y no se ponga a improvisarlo, como ha sido prácticamente la totalidad de su gestión.

Como país, lograr la aprobación de una legislación moderna en contra del lavado del dinero nos hace una diferencia importante y nos enseña a que, si nos ponemos objetivos en común, los podemos lograr.  Hubo un amplio consenso de casi todos los sectores de la sociedad para la aprobación de esta ley, excepción hecha de los diputados que la entramparon y de los intereses que dichos legisladores protegen con tanta vehemencia.

Nos damos cuenta de que, como ciudadanos, podemos trabajar todos en un mismo objetivo para generar cambios positivos en nuestro país.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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