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En la actualidad hemos ido asumiendo términos cuyo significado en la acción busca fortalecernos. Así, el término resiliencia es utilizado para definir la capacidad humana de superar la adversidad con el menor daño posible.

Ya usado en los años 70s en las pláticas y encuentros psicológicos, pero fue a partir de la Tercera Conferencia Mundial de la ONU sobre la Reducción del Riesgo de Desastres realizada en Sendai, Japón, 2015, que el término resonó tanto que fue adoptado como “un acuerdo internacional clave para prevenir nuevos riesgos, reducir los existentes y aumentar la capacidad de salir adelante ante desastres naturales o provocados por el hombre.

En la actualidad, el término se ha ampliado a sobrevivir a una situación estresante y adaptarse positivamente de forma fortalecida.

Ya en 2011 la Organización Mundial de la Salud (OMS), había lanzado los “Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) “ como una atención psicológica-social inmediata, luego de un evento crítico…

Y antes, en 1954, aparece el término “ red de apoyo social” lanzado por el antropólogo John Barnes. “Para explicar las relaciones personales, la ayuda mutua, los vínculos solidarios y la estructuración social que los individuos construyen en su entorno cotidiano.”

En la actualidad, estos tres conceptos, Resiliencia, Primeros auxilios psicológicos y Red de apoyo se amalgaman para fortalecer a las personas ante situaciones difíciles.

Sin embargo, y según su surgimiento, la Red de apoyo es la que marca el inicio de una vida más sana y fortalecida. Constituyéndose en “un factor protector vital durante los episodios depresivos” La presencia y la empatía de familiares y amigos pueden influir directamente en la recuperación.”

Y aunque hemos de aclarar que un episodio depresivo no se resuelve con las palabras amables o familiares de “échale ganas, vos podés, pensá en tus hijos, en tus padres, podés salir adelante, sos fuerte” y muchas otras frases que solemos decirle a una persona cuando la tragedia le cayó encima. El acompañamiento

Físico, el saludo por teléfono, un plato de comida, un libro… ayudan a saber que no se está solo. Que es el lado más vulnerable del dolor y la tragedia.

Seguramente hemos vivido situaciones en que no sabemos cómo apoyar, nos hemos sentido impotentes, ante el rechazo de la persona sufriente, precisamente por el dolor que carga, por esa depresión que se ha apoderado de su voluntad.

Pero es precisamente ese el momento de demostrar la empatía, de unir fuerzas y tender lazos, de demostrar el apoyo social, en una red de amigos, familiares, vecinos, los grupos de iglesia, de lectura y más.

Una publicación en BMJ Mental Health (Li et al., 2023) luego de analizar decenas de estudios observacionales concluyó que las personas que perciben mayores niveles de apoyo social tienen una menor probabilidad de desarrollar o mantener un episodio depresivo.

Porque aunque deseen estar solos, el sentirse acompañado reduce la intensidad de los síntomas depresivos, mejora el bienestar emocional. Ya que durante una crisis emocional, la red de apoyo actúa como un “amortiguador” que reduce el impacto del estrés y disminuye el riesgo de recaída.

Especialmente ante situaciones estresantes que tienden a desarrollar estado de depresión. Ante los cuales se sugiere:

Ayudar a que la persona busque y confíe en su plan de tratamiento, consulte dudas y se mantenga adherido, lo cual aumenta significativamente las probabilidades de recuperación, siendo claros, concisos y firmes respecto a la importancia del mismo. Podemos ayudar sugiriendo la atención, acompañar a las consultas y facilitando el diálogo sin juzgar.

Es importante no presionar a salir de la casa en donde la persona siente su refugio. Como dice el principio: “Hay que ser pacientes con quien sufre la pérdida de un ser querido, un diagnóstico difícil o una separación.»

Lo más importante es estar ahí, presente, sin agobiar. Sin presionar, sin estorbar.

Sin exigir, sin forzar conversaciones. Dejando que la percepción de apoyo genere efecto protector. No será el hacer o la cantidad de palabras, sino la escucha de la necesidad y la atención.

Colaborar con las tareas básicas, para disminuir las cargas, acompañar en decisiones sencillas o simplemente facilitar su día a día son formas de apoyo instrumental, una categoría identificada por la investigación como altamente protectora.

Las personas deprimidas pueden sentirse “poco queribles”, desconectadas o indiferentes. Sin embargo, recordarán quién estuvo, quién tuvo paciencia y quién les sostuvo el camino cuando ellos no podían hacerlo solos. Y ese acompañamiento, como ya sabemos, tiene un efecto clínico comprobado.

La red de apoyo es un factor protector científicamente demostrado. La presencia, paciencia y constancia pueden representar exactamente el “amortiguador” que el cerebro necesita para volver a estabilizarse Que puede ser brindado inicialmente por los primeros auxilios psicológicos y luego como un seguimiento de la red de apoyo para ayudar a la persona afectada por un situación emocional difícil a encontrar la resiliencia y emprender de nuevo su camino con las actividades de su gusto que le brindan confort y tranquilidad.

El triunfo y la derrota se viven mejor en compañía. Y si no, recordemos cómo los equipos de fútbol, el deporte del pueblo, celebran si ganan, si pierden o si empatan.

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