*Roberto Lavalle

Cuba ha firmado, pero no ha ratificado, el Pacto internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado en 1966. En este transcendental tratado, en vigor desde 1976, son partes Guatemala y todos los demás países latinoamericanos, Estados Unidos y Canadá, junto con Belice y todos los Estados de idioma inglés del Caribe (salvo dos de los pequeñitos, que probablemente se abstienen de participar por mero descuido). Una fuerte mayoría de los demás países del mundo también participan, siendo en total 168 los países partes, figurando entre ellos todos los miembros de la Unión Europea así como la Federación de Rusia.

Al firmar el Pacto, el 27 de febrero de 2008, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba (que, según tengo entendido se halla ahora a salto de mata) entregó a Naciones Unidas una Declaración en que su país manifestó que “la Constitución de la República y la legislación nacional consagran los derechos protegidos” en dicho Pacto, agregando que “las políticas del Estado garantizan la efectiva realización y protección de estos derechos para todos los cubanos y cubanas.” ¿Puede concebirse mentira más descarada que ésta? Mentira que, no habiendo sido retirada, sigue en pie.

Me parece que, antes de haber establecido relaciones diplomáticas con la Cuba castrista, tanto Guatemala como Estados Unidos deberían haber exigido que Cuba se hiciese parte en el referido Pacto.

Es cierto que Cuba pudiera tomar esa medida sin corregir su bochornosa situación en el campo de los derechos humanos. Pero su participación en el Pacto tendría, por lo menos, la ventaja de hacer aún más vergonzosa la sucia mentira apuntada.
*Doctor en Derecho, abogado colegiado 965

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