Pedro Pablo Marroquín Pérez
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Ahora resulta que mucha gente en lugar de congratularse porque al fin se le entró a una de las mafias más grandes del país, dice que mucho se tardaron las autoridades, pero no reparan en que las autoridades locales jamás movieron un dedo y no le iban a entrar nunca a esa red porque ésta es un brazo importante de las campañas de los políticos y con suficiente fuerza para hacer otro tipo de negociaciones.
Es decir, si no existiera en el país la CICIG y si no hubieran todavía jueces valientes, como el abogado Miguel Ángel Gálvez o como los jueces César del Cid y Sara Leticia Folgar que se enfrentaron (entre algunos otros) a las Comisiones de Postulación, la red de presidios seguiría a sus anchas y no hubieran salido los trapitos al sol que un molesto y aireado Lima ha soltado por pocos a la prensa durante sus apariciones en los juzgados.
Esas chinitas soltadas dejaron en una posición sumamente comprometedora al Ministro de Gobernación a quien no le quedó nada más que aceptar que Edgar Camargo era el Director del Sistema Penitenciario porque Lima se lo recomendó. Ahora hacen mucho sentido dos cosas que ocurrieron, y es el hecho de que López Bonilla le hubiera advertido a Lima que no saliera de la cárcel y que se hubiera llevado a dos funcionarios del SP al ministerio.
El presente caso pone sobre la mesa algo igual o más importante que el escándalo en sí y es la continuidad de la CICIG en el país. Dicha instancia ha tenido luces pero también sombras aunque no se puede negar que cuando ha puesto el pie en el acelerador, las grandes estructuras han sentido pasos de animal grande que los ha hecho unirse para mantener la impunidad.
Contrario al cinismo de los enemigos de la comisión, pero amigos y aliados de la impunidad, que tienen el descaro de intentar defender la soberanía tan relativa que existe en Guatemala y que pertenece a los narcos, a los corruptos, a los mareros y en general, a todo pícaro e inescrupuloso, yo considero que no estamos listos para batallar solos porque ya vimos, que sin ayuda, las grandes estructuras terminan no solo siendo aliadas sino protegidas de las autoridades.
No estamos listos para batallar solos porque unos pocos se han encargado de neutralizar a la mayoría de ciudadanos honrados y comprometidos, haciéndoles ver que el que se mete a querer hacer de Quijote o de patriota (y no del partido), lo cuadriculan haciéndole la vida imposible hasta lograr el objetivo.
Si usted es de los que se opone a la CICIG será importante que plantee alternativas que vayan más allá de la pura cantaleta, porque está probado que si solo dependemos de las instancias locales, siempre ganará el de más poder, el que menos escrúpulos tenga para negociar y el que esté más dispuesto a ensuciarse las manos. Ellos son los verdaderos soberanos del país.
Es conveniente una prórroga del mandato que nos de la oportunidad de que los guatemaltecos que estemos hartos de vivir en esta jungla, podamos empezar a asumir una tarea, que es y les corresponde a los guatemaltecos, pero será el día en que se decidan a actuar los honrados y no los mafiosos de siempre.







