Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@gmail.com
Ayer todos hablaban de lo mismo «POBREZA», así a gritos. Todos asustados ante los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida. ¿Pero cómo es posible? En Guatemala, hay muchos malls, los carros nuevos copan el tráfico, si te vas a Miami no dejás de escuchar los púchica por todos lados, los restaurantes siempre están llenos y el Black Friday… pues es obvio que eso no es real.
Pero qué tal que sí. Es verdad y no es noticia. Más de nueve millones de guatemaltecos sobreviven en la pobreza, mientras la ciudad capital en donde existen grandes hacinamientos de personas, se enciende en la época navideña, mientras se inauguran nuevos centros comerciales, complejos habitacionales de lujo y los exmandatarios poseen millones de quetzales producto de la corrupción.
De esa cuenta, los índices de desigualdad se acentúan marcando escuelas, hospitales y comunidades enteras que dejan de gozar de sus derechos, o mejor dicho, muchos ciudadanos jamás llegan a saber que significa esa palabra.
No hay maestros, no hay útiles, no hay refacciones escolares. Por ende no hay gente capacitada para desempeñar puestos en los que los salarios sean justos, aunque en realidad nunca lo han sido. No hay fuentes de trabajo y esto abarata la mano de obra y la explotación es más.
Las metas del milenio son tan sólo un sueño, así como el del sapo que se convierte en príncipe, y nada cambia. Todo sigue igual, peor en realidad. La gente que habita las áreas rurales sigue siendo la más perjudicada, además de los problemas que enfrentan por carencias en educación y venta de sus cultivos, no cuentan con servicios de salud mínimos.
Avances, no hay. Preocupaciones, sí y muchas. Pensar en objetivos de reducción de la breca de la pobreza para el 2030 es para mí absurdo. No podemos hablar de mejoras, cuando no hay cambios estructurales. Mientras la corrupción siga reinando, porque aunque estén presos el expresidente y la exvicepresidenta, no podemos hablar de justicia, ni de controles adecuados en las instituciones del Estado.
Echarle la culpa a los programas sociales, no es justo, porque no fueron ejecutados adecuadamente y porque quienes los critican no han tenido jamás la necesidad de ellos. Ayer todos hablábamos de pobreza sin entender lo que pasa, porque lo hacemos desde nuestra zona de confort en donde la mesa está servida o la comida viene en moto.
Asombrarnos desde acá, de lo que se vive en los departamentos o en algunas zonas de la ciudad que no visitamos es vergonzoso, porque mientras dudamos de una encuesta que a lo mejor hasta se queda corta al hablar de lo que pasa en el país, mientras nos con las tarjetas de crédito, felices además, de que ya no seremos acosados, solo refleja el porqué hay políticos tras las rejas y un futuro presidente que no dice, o no sabe qué hacer.







