Edith González
“A los ganadores las pérdidas los alientan, a los perdedores los derrotan.” Anónimo.
Al despuntar el alba ya estaban listos. Llegaron en pequeños grupos familiares, pero a las ocho de la mañana estaban todos y todas presentes. Un día especial, para un acto especial para guatemaltecos ganadores.
Destacando prontamente en el grupo, quienes vestían togas de graduación. Otros cuellos simbólicos de su avance en el estudio, y un grupo más pequeño, rosas que marcan su crecimiento educativo.
Todos tienen un denominador común. Son trabajadores del Hospital Roosevelt, que ahora tras un año de estudios, le han ganado a la vida y varios de ellos, ya se inscribieron en la Universidad de San Carlos.
Ahí, en el elegante salón del Restaurante Géneva, entre mesas acomodadas, equipo de sonido, himno nacional y abanderados, los graduandos fueron desfilando, para que entre el aplauso y vivas de sus familiares, recibieran sus certificados que acreditan su triunfo.
En la mesa directiva, el licenciado David Noriega, del proyecto ISEA la Escuela en su Casa, las licenciadas Enma Porras, de la Escuela Nacional de Enfermería, Julia Moya Ruiz, de Derechos Humanos e Ingrid Hernández, del Hospital Roosevelt podían palpar la emoción de los graduandos y sus familias.
La entrega de certificados fue el momento cumbre. Aplausos e imposición de anillos a los nuevos bachilleres. Fotos con los teléfonos celulares. “Ella es mi mamita”, dijo un pequeño de unos seis años al ver a su entogada mamá recibiendo su diploma.
Ya antes de este importante acto para los guatemaltecos que ahora le ganan a la vida, el director del Hospital Roosevelt, doctor Carlos Enrique Soto Menegazzo, había manifestado su optimismo para que estos empleados que escalan hacia nuevos horizontes sean fieles portadores de una nueva filosofía de los trabajadores de la salud.
Los he visto en sus horas de estudio, cumpliendo con los deberes, discutiendo en clase, pero ante todo los he visto en su esfuerzo y en sus anhelos por superarse, pues por muchas razones, en su infancia y juventud no pudieron estudiar. Hoy las puertas de la educación se les abren gracias al respaldo de las autoridades del Hospital Roosevelt.
Avanzaron seis en primaria, seis en tercero básico y veintiuno en bachillerato. Todos han manifestador su interés por continuar sus estudios en el próximo período y continuar por la ruta del crecimiento educativo.
Cuando León Tolstoi, a los 21 años sostiene que la educación en libertad era básica para el desarrollo humano, planteaba dos valores sociales importantes. La educación y la libertad.
En el Hospital Roosevelt estas dos premisas son realidad y la educación en libertad para los trabajadores es un proyecto que lleva ya diez años. Muchos de los estudiantes ahora son profesionales universitarios.
Son guatemaltecos que le ganan a la vida, pero que enaltecen a sus familias, al Hospital Roosevelt y el gran ganador es el usuario de ese centro hospitalario, el más importante de la red de salud pública.







