Juan de Dios Rojas
El aludido fenómeno natural dio inicio en el conocido tiempo epocal, ¡solo llover! Suceso que mantiene en vilo, tenso y super mojado, de cualquier manera es un tormento al conglomerado. Afecta parejo, a los de a pie, también a usuarios del servicio público y propietarios de vehículos de modelos diversos, que se movilizan cómodamente con su familia y vecinos amistosos.
Los aguaceros de rigor significan variedad, dando origen e inconvenientes. Resultan ser un abanico acuoso y tenaz. Junto a la infaltable humedad perniciosa, necesario cubrirse con el miraje de evitar enfermedades como gripe, pulmonía, entre otras más, gastos hogareños; dado que los hospitales nacionales carecen de un todo, incapaces por la cantidad de pacientes que recurren siempre.
Las condiciones climáticas muestran presencia constante por imperiosa necesidad, en seguidas mangadas potentes, después el chipichipi. Penoso descontrol en menoscabo de habituales trabajos, especialmente en áreas urbanas y rurales; al agua prácticamente todo el día y noche. Existe paralización patente, capaz de motivar horas perdidas en productos exportables de cuantía.
Tales lluvias acaecidas en los meses finales de año invariablemente. Recrudecen condiciones en demasía y presentan derrumbes tremendos, atolladeros y paralización del transporte total. Cerros completos caen sobre las carreteras y caminos simples entorpeciendo, además, las comunicaciones. Representan incalculables pérdidas materiales y humanas, generan desastres y destrucción.
Luego entonces pasan días y semanas con ausencia del «rubicundo Apolo” que tiende su faz sobre la ancha tierra «Razón por la cual el desborde del mar y de los ríos, arrasan las humildes rancherías, al inventariar a ojo de buen cubero se quedan solo con lo que tienen puesto; pérdida inclusive de animales vacunos principalmente; también sembradíos, fuente alimentaria imperante que suple bastante el limitante y cotidiano nutriente.
El lado positivo vale la pena destacar, las lluvias benefician la tierra tras larga y visualizada canícula, desesperante manifiesta de cientos de agricultores, especialmente ubicados en el Oriente y su Corredor Seco. Por supuesto ahora reanimados con tesón vuelven por sus fueros internos por obra y gracia de los fenómenos naturales, verdaderos traspiés que los ponen en jaque.
Los connacionales demuestran una y más veces que no pierden jamás su esperanza y optimismo enorme, como característica que no los vence el infortunio acaecido en determinadas circunstancias del año. Levantan su hogar, adquieren animales y no dejan por nada del mundo la sembradía que les proporciona después el sustento personal familiar y sus merecidas ganancias, fruto del empeño y admirable voluntad de hacerle frente a la vida, sea como sea su rostro.
Queda comprobada una vez más la expresión del campesinado, en el sentido que después de la tempestad, viene la calma; conmueve bríos y espíritu fortalecidos para emprender otras jornadas. Sin embargo, es necesaria la cooperación gubernamental en obras reales, puesto que los ofrecimientos y meras palabras lejanas de la acción real, se las lleva el viento pronto.







