Raul Molina Mejía

rmolina20@hotmail.com

Nació el 20/02/43. Decano de Ingeniería y Rector en funciones de USAC. Cofundador de la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) en 1982. Candidato a alcalde de la capital en 1999. Profesor universitario en Nueva York y la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Directivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG).

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Raul Molina

La BBC declara: “Casi tres años después del estallido social de 2019, Chile realizará este 4 de septiembre la última de las tres votaciones de su proceso de cambio constitucional. Tras aprobar redactar una nueva Constitución (en 2020) y elegir la Convención que la escribió (en 2021), el país decidirá finalmente si aprobar o rechazar la Carta Magna propuesta”. El artículo es una de las múltiples expresiones de apoyo en la comunidad internacional, que reconocen la calidad y pertinencia de la Nueva Constitución, como hacen la ONU, CNN, la revista Time y más. Se sitúa a Chile en el siglo XXI, y servirá de ejemplo al resto de América Latina y el Caribe para las necesarias transformaciones de Estados y sociedades. Contra este avance histórico, la derecha chilena ha lanzado una campaña de “desinformación brutal” (BBC), que pretende confundir a parte del ochenta por ciento que ha exigido una nueva Constitución. El pinochetismo remanente se afana por deslegitimar el nuevo texto constitucional y recurre a mentiras, viejas y nuevas, tratando de despertar temores en los sectores de población poco informados o ideológicamente afines.

En Guatemala, que está aún lejos de redactar una nueva Carta Magna para salir de las tinieblas dictatoriales, es importante conocer los avances que se destacan en Chile. Basados en análisis de la BBC, lo haré en dos artículos. El primero toca los dos primeros cambios sustanciales observados: “1. De «República Democrática» a «Democracia Paritaria”. Es la primera vez en Chile y el mundo que un grupo equiparado de hombres y mujeres escribe una Constitución”; no se trata de cambio semántico, sino que del hecho esencial que las mujeres son finalmente iguales a los hombres en los hechos. Las mujeres han demostrado total capacidad para conducir los destinos de familias, comunidades, organizaciones y entidades con poder social y político; no se les puede regatear más su conducción de las naciones. El segundo cambio: “2. De la omisión indígena a ‘Estado plurinacional e intercultural’. La Constitución en ejercicio no menciona a los pueblos originarios ni indígenas. En un giro radical, el nuevo proyecto define a Chile como Estado Plurinacional e Intercultural, reconociendo once pueblos y naciones”. En la Constitución de Guatemala sí aparecen los pueblos indígenas; pero cuando se intentó reconocer su identidad y derechos con la reforma constitucional de 1999, la oligarquía, los militares y los partidos de derecha se encargaron de hacer fracasar el referendo. Los pueblos indígenas no han cesado de exigir lo que quedó establecido en al Acuerdo de Paz Firme y Duradera, aunque el Estado siga recurriendo a la discriminación, el racismo y la represión. La derecha pinochetista inventa toda clase de quimeras, incluida la de que la justa distribución territorial llevará a que “cuando la tortilla se dé vuelta” euro-descendientes serán los esclavos y siervos, desprovistos de bienes y derechos. Nada más contrario a la verdad, los derechos deben ser para todas y todos, y los bienes deben contribuir al bienestar de la población completa. Se ha de restaurar la justicia histórica sin asomo de venganza.

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