Alfonso Mata

Al hablar en el artículo anterior sobre estrés y alcoholismo, decíamos que el móvil de consumo y uso debe enfocarse y relacionarse a condiciones de experiencias estresantes que se pueden agrupar en cuatro: 1º eventos fatídicos/catastróficos, 2º maltrato domiciliar, 3º eventos estresantes comunes de la vida juvenil y adulta en los aspectos interpersonal, ocupacional, financiero, y dominios legales, y 4º estrés minoritario. A continuación, hablaremos de cada uno de ellos.

Una aclaración

Hay algo que el alcohol ya de por sí es de riesgo en el abuso de esta droga: Cambia la forma de ser de órganos y tejidos y de funcionar de estos. Por ejemplo, el alcohol causa un aumento del nivel de hormonas del estrés como el cortisol, que provoca irritación y mal humor. Además, el aumento del nivel de cortisol va unido a una reducción de los niveles de testosterona, que produce un deterioro de los músculos y reduce la capacidad de quemar grasa.

El gran poeta, ensayista y biógrafo inglés, Samuel Johnson decía: «En la botella, la inconformidad busca satisfacción, la cobardía, valor, y la timidez, confianza«.  No está demás entonces, a médicos y psicólogos, cuando trabajan con un paciente alcohólico, encontrar respuestas a preguntas como: ¿Qué trató en sus inicios un alcohólico de evadir, buscar, amortiguar? ¿Qué se propuso cuando comenzó: reforzar su voluntad, amortiguar su angustia, ¿a rebasar situaciones para él conflictivas en su momento? Son éstas, interrogantes que sólo los alcohólicos pueden responder, pero por regla, éstos no escriben sobre el alcoholismo, o son sólo relativamente sinceros al responder encuestas o interrogativas. Entonces hay que situar categorías de estrés entre líneas que pueden explicar aparecimiento de conductas alcohólicas en una sociedad.

 

1º Los eventos fatídicos/catastróficos

Entre ellos tenemos la exposición directa a desastres naturales y/o terrorismo, actitudes y actuaciones de maras, de narcotraficantes. Este tipo de eventos, generalmente se encuentran en el extremo más extremo del continuo de gravedad que es más de duración aguda, aunque puede convertirse para el caso nuestro en crónica como el de maras y narco. Su agudeza hace que sea muy poco probable que su exposición conlleve al consumo de alcohol de un individuo a menos que sea crónico y por consiguiente son exposiciones que por lo regular son fatídicas y esporádicas (muerte, lesión de alguien).

Estar expuestos a eventos fatídicos catastróficos sociales, puede ser una decisión propia, como sería el caso de soldados, mareros, narcos que van en busca de toma de riesgos y de sensaciones y que cabe clasificarlos perfectamente como del tipo 3º de eventos estresantes de la vida. Lo que sí muestran consistentemente los estudios de este tipo ya sea eventos naturales o sociales, es aumentos en el consumo de alcohol después de un desastre. Pero los estudios a su vez más largos de este tipo, con seguimientos múltiples y/o más largos generalmente encuentran una atenuación de esta relación con el tiempo. En el caso de poblaciones sometidas crónicamente a alarmas como barrios dominados por bandas, asaltos, etc., investigaciones sustanciales sobre la salud mental en general y el consumo de alcohol en particular en esas localidades, indican que el consumo de alcohol en general aumenta tanto en sobrevivientes como en residentes. Estudios de jóvenes y adolescentes en diferentes ciudades latinoamericanas, han mostrado que la proximidad geográfica a ataques, asaltos se asocian con una mayor cantidad, frecuencia y consumo excesivo de alcohol. En resumen: en este tipo de estrés, se puede decir que un aumento en el consumo de alcohol, tiene dependencia con la cronicidad y frecuencia de los eventos y con la solución que se da al problema ocasionado por el desastre, tanto personal como estatal. Como se muestra en varios estudios, las tasas de riesgo para la edad de inicio del abuso y la dependencia del alcohol en la población general, son más altas al final de la adolescencia y principios de los 20, y son más insignificantes después de los 30 años, relacionado con el riesgo de trastornos posteriores por consumo de alcohol.

En nuestro medio donde los eventos y desastres, especialmente sociales adquieren signos de cronicidad, en conjunto, quedan preguntas sobre el papel de la exposición a eventos traumáticos en el consumo de alcohol y el desarrollo de trastornos por consumo de alcohol, pero es muy probable que aumenten la casuística de ambos.

 

2º La relación entre violencia doméstica y el maltrato infantil y los trastornos por consumo de alcohol

La violencia doméstica y el maltrato infantil incluye muchas exposiciones adversas (abuso sexual, emocional y físico, negligencia emocional o física, ataque psicológico) durante los primeros 18 años de vida. Teniendo en cuenta las diversas dimensiones correlacionadas del estrés en las poblaciones humanas, las experiencias de violencia doméstica y maltrato infantil van desde leves (p. ej., decir cosas hirientes ocasionalmente) hasta graves (p. ej., abuso y agresión física y/o sexual crónico). Además, estos factores estresantes pueden ser agudos, pero a menudo son crónicos a lo largo de la infancia y adolescencia, y en muchos casos, el agresor es alcohólico y las consecuencias de su comportamiento y conducta actúan sobre el agredido, que suele cambiar de comportamiento y con la edad imitar y seguir la conducta del agresor hacia el alcohol y esa actitud suele iniciarse en el consumo de alcohol. Estas experiencias de violencia doméstica pueden representar una proporción significativa de toda la psicopatología adulta relacionada con la salud y el alcoholismo. Además, los eventos ocurren con frecuencia de modo que la exposición a un tipo de maltrato, aumenta el riesgo de exposición a otros.

 

En general, los estudios han demostrado que la mayoría de las formas de violencia doméstica y maltrato infantil, están relacionadas con un mayor riesgo de consumo de alcohol en la adolescencia y el consumo de alcohol en el adulto, pero antecedentes familiares o vulnerabilidad genética a los problemas con el alcohol, y psicopatología comórbida, producto de la violencia doméstica y maltrato se suman a eso. Por ejemplo: Los antecedentes familiares de alcoholismo, pueden confundir la relación entre el maltrato temprano y los trastornos por consumo de alcohol en adultos, porque es más probable que ocurra violencia y maltrato entre los hijos de alcohólicos, quienes no solo pueden realizar prácticas de crianza dañinas, pero también pueden transmitir genes que aumentan el riesgo de trastornos por alcoholismo a su descendencia. Si bien los estudios que utilizan modelos animales superan esta dificultad y sugieren que el estrés prolongado en los primeros años de vida, más que la genética, conducen a la autoadministración posterior de alcohol. Por ejemplo, los jóvenes con maltrato puede que tengan un mayor riesgo de consumo de alcohol de inicio temprano si tienen determinado genotipo.

La comorbilidad psiquiátrica también puede confundir la relación entre la violencia y el maltrato temprano y los trastornos por alcohol, porque la violencia y el maltrato conduce a múltiples trastornos psicológicos en el padeciente y los trastornos por consumo de alcohol son altamente comórbidos con otras formas de psicopatología. Los datos de la Encuesta Nacional de Comorbilidad de USA de antes del 2010, indicaron que ninguna experiencia infantil adversa se asoció con la dependencia del alcohol en la edad adulta una vez que se controló la psicopatología comórbida, aunque el abuso repetido y una madre agresiva física/verbalmente se asociaron con el abuso del alcohol. Una cosa puede llevar a la otra y además la propensión a expresar psicopatología aumenta con el número de eventos experimentados, y las asociaciones son más fuertes con el riesgo de trastornos psiquiátricos en la edad adulta temprana que con su persistencia. Por lo tanto, podemos decir que estamos ante una asociación múltiple a que puede conducir la violencia y el maltrato doméstico.

Continuará

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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