Dicen que “entre gitanos no se leen las cartas” o que “entre bomberos no se machucan las mangueras”, y ha quedado en evidencia que el avance de las acciones en pro de una justicia más determinada e independiente, han obligado a los dueños de los poderes reales a tener que sacrificar a operadores que les han costado mucho en inversión, y por quienes han apostado.
Sería un terrible error creer que el Congreso se ha transparentado por la resolución de una comisión que recomienda al pleno que se le retire el derecho de antejuicio a Blanca Stalling. Tampoco sería correcto considerarlo si el mismo pleno lo ratifica con el voto de los 105 diputados que se requiere.
Están quemando el “flipón” para evitar un incendio en la casa. No queda duda que los operadores de los grupos de poder serán útiles mientras no sacrifiquen el interés mayor que es el control de las instituciones para la generación del sistema de impunidad.
Y lo mismo sucede con la nueva elección que se tendrá que dar en la Corte Suprema de Justicia. Nadie creerá que una nueva elección en la que puede volver a quedar electa la “sugerida” por Stalling, Patricia Valdés, resuelve el problema. Recordemos que sea Valdés o cualquier otro rostro del grupo contralor de dicha Corte, será una garantía para aquellos que hicieron los procedimientos como, por ejemplo, el denunciado al magistrado Orellana. También hay que decir que no solo Orellana ni solo el Rey del Tenis han metido las manos en eso.
Y lo mismo pasa con los diputados. Por ahora, se cuentan con un par de decenas los que tienen procesos de antejuicio en su contra más los que han sido ya sometidos a procesos judiciales. Pero resulta que hasta el jefe de bancada del partido oficial, Javier Hernández, ha dicho que todo esto puede ser una forma de ejercer chantajes al poder político.
La verdad está muy alejada de la percepción de Hernández y las pruebas las tiene en quienes ocupan curules en ese podrido organismo. El Legislativo es un mercado para negociar el Listado Geográfico de Obras, generar presiones por contratos a los funcionarios del Ejecutivo y, como veremos con el Caso Odebrecht, la “bolsa sin valores” para cotizar sus votos a cambio de pagos constantes y sonantes.
Pero los verdaderos dueños del circo, no se alteran. Seguirán entregando a sus operadores que se han atrevido con descaro a excederse y han arriesgado todo el sistema. Ni tenemos gitanos ni bomberos. Solo operadores desechables que se sustituyen entre sí.







