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Cuesta creerlo, pero es importante señalar que los negocios que se vienen haciendo con el visto bueno de la Presidencia de la República, como el de los puentes cuya sobrevaloración hemos denunciado, son apenas una mancha más a ese inmenso tigre de la corrupción que se adueñó del país hace muchos años y que llegó a hartar a los electores que vieron en Bernardo Arévalo un posible remedio. Lamentablemente la aparente indecisión o indiferencia que ha tenido para ejercer su mandato no se limita a que el gobierno vaya pasando el agua sino que, como se puede ver con las negociaciones alrededor de las aprobaciones de multimillonarios aumentos al presupuesto, se trata de una bien orquestada operación para perpetuar la feria.

Cualquier gobernante comprometido con la lucha contra la corrupción, sobre todo si ese fue precisamente el mandato que los electores le dieron en las urnas, tendría que ser muy exigente para investigar cualquier denuncia que pueda implicar la continuidad de los negocios. En cambio, nuestro actual Presidente se ha convertido en el principal defensor de las operaciones que se hacen desde su Secretaría Privada y desde los distintos ministerios, aunque sea dándose los mismos baños de pureza que se daba Pérez Molina cuando, con bombos y platillos, apoyó la continuidad de una Comisión Internacional Contra la Impunidad, suponiendo que ello le permitiría operar tranquilamente. 

Ahora se fortalece la cooperación con EE. UU. para enfrentar el narcotráfico y a sus operadores, con algunos actores en el Gobierno esperanzados que las miradas no se centren en ellos y en sus relaciones con diputados y otros actores que son pieza clave del crimen organizado. Este Gobierno ha dado obras y negocios a actores que no pasan la prueba de ácido que suponemos hará Estados Unidos en torno a las relaciones con el narco.

Hay dos puntos claros e irrefutables: el pueblo en el año 2023 se volcó a las urnas, tanto en la primera como en la segunda vuelta, no solo para elegir gobernante sino para enviar un clarísimo e irrefutable mandato para que las nuevas autoridades le dieran vuelta a un sistema totalmente prostituido. El otro punto irrefutable es que Arévalo, desde su investidura como Presidente de la República, dejó que el sistema siguiera igual, empezando por ese sistema de adjudicaciones que proveía suficiente dinero con el que iban los constructores a asegurar que el MP de Porras les diera Consuelo y los cuidará como un Ángel. Con ese mismo dinero del sistema que mantuvo Semilla, se operó la elección de cortes en los que fueron jugadores del oficialismo los que instalaron las cortes que hoy tenemos. La sociedad hubiera apoyado con vigor y entusiasmo una frontal lucha contra el sistema y sus sinvergüenzas operadores, pero la misma nunca se dio. Si no puedes contra el sistema, únete al sistema debe ser el lema que se mira en muchas dependencias del Ejecutivo.

Los increíbles aumentos al Presupuesto que ha ido aprobando el Congreso no son porque se quiera invertir más en el bienestar de la gente sino para que la piñata del reparto sea más grande y alrededor de eso han sido las negociaciones entre las bancadas que sacan provecho a fondos como los de los Consejos de Desarrollo y de cómo operan Norma Zea, Ana Glenda Tager y el mismo Presidente las adjudicaciones del Ministerio de Comunicaciones.

El juicio de la Historia será drástico y severo a la hora de evaluar a un gobernante que heredó el prestigio de un padre que supo ejercer el poder de acuerdo a lo que el pueblo había demandado. Su hijo no solo no dio la talla sino terminó siendo parte de los que, con dedicación y empeño, han condenado al país mediante mayores y más lucrativos negocios, cosa que hubiéramos pensado que era ya imposible.

Editorial La Hora

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