No sé por qué me huyes y rechazas si no fui yo quien te pidió me representaras, fuiste tú el que te ofreciste y yo ignorante de quien eras un petulante, vanidoso, inmoral, cínico, mentiroso y ladrón me baboseaste aparentando cualidades de las que carecías y estás en tu pleno derecho, pues aunque no vote por ti sino por nadie, tuve que aceptarte porque así lo dicta un papel que llaman Constitución y la cual ignoro.
Mi actuación es la del ignorante y del crédulo; lo acepto y ni de ti ni de la justicia merezco por serlo perdón, pues en mi infancia mis padres me enseñaron a no esperar de nada ni de nadie nada, ya que sobrevivir no es dado por nadie a otro. Por eso no me ha sido muy difícil querer o esperar de alguien algo.
En general quiero a la gente porque hace lo posible por ayudar y ayudarse, pero a ti y los tuyos no, pues jamás han movido un pie para visitarnos y atendernos. Por eso, por esa característica de mi educación infantil a vivir solo para sobrevivir, no he podido tomarme el tiempo de pensar cuánto daño hacen ustedes y cuánta razón tendríamos de sacarles a patadas de sus curules.
Así tampoco –y te consta y de eso te aprovechas– he podido ser nunca un ciudadano. He querido participar de lleno en cuestiones de la aldea y el municipio, pero sólo lo he logrado en muy escasa medida cada cuatro años cuando me regalan un desayuno o un almuerzo por emitir un voto y aunque entiendo tus razones de ser de mala entraña, no me sorprende que te dejen robar y hacerte de lo ajeno aquellos que están obligados a poner orden y justicia, pero a ellos entiendo que les repartes algo de lo que no es tuyo y los comprometes. Así que no me sorprende que alguien no te ponga las manos encima y te elimine del consorcio político metiéndote en la cárcel.
No creas que es algo nuevo, pero por acá, en el campo, desde mis abuelos y aún antes, nos hemos dado cuenta que el mundo político es para hacer trinquetes y mantenernos jodidos y no entiendo por qué Dios lo ha permitido, si en realidad no hemos hecho nada malo.
Supongo que este tipo de personalidad como la tuya, y ese deseo de querer ser político y llegar a ocupar puesto ya no es muy escasa y hay mucha competencia ya que, al verte hacer todo tipo de picardía, cualquiera se arma de valor para imitar, pero para mí eso me es difícil pues cada día es de mucho sufrimiento y no queda tiempo para ello, no me puedo concentrar en ello y toda mi capacidad para lograrlo es votar. Pero no te culpo por eso. Cada ser humano tiene tantas razones para hacer lo que hace.
De todas las circunstancias que te conducen a robar y malgastar lo ajeno, talvez la menos importante es que yo no haya votado por ti. Muchas veces escucho en noticieros que otros te reclaman y denuncian, pero eso es vano, porque cada cual cree trabajar por una idea o por un ideal para al que llaman pobre, y en realidad muchos de ellos terminan igual que tú: cada quien busca el poder para sí mismo.
No soy quien para saber cómo se compondrá esto, pero espero que moriremos engañados un tanto y que algún día mis hijos y nietos y los tuyos, responderán sobre lo que cada uno de nosotros hizo, pues ya son más estudiados y algunos conocen el Norte y traerán luz para lograr el cambio y como afirman los muchos psicólogos que los demás lo conocen a uno –en ciertos aspectos– muchísimo mejor que uno mismo, yo espero que los tuyos conocerán algún día las partes malas que hiciste y hay en ti y por vergüenza enderezarán tus entuertos y sabrán con valor y constancia, con trabajo y con inteligencia, enderezar lo que destruiste.
Presta mucha atención a lo último que quiero decirte. Se amargaría uno la vida si te envidiara u odiara y yo no quiero mi vida amarga, suficiente la llevo dura, pero tú, creo que por muchas noches dormirás sin sueños dulces y plácidos y tu diario día será de enojo, ira, malestar y vergüenza, y ten claro que tú te lo buscaste.







