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En Guatemala, a finales de 1940, los cristianos conservadores fueron movilizados en contra de los logros de la “Revolución del 20 de Octubre de 1944”, con propaganda de que el comunismo había invadido el país. Adoptaron el feroz anticomunismo promulgado por Washington. El gobierno estadounidense utilizó la acusación de comunismo contra Guatemala, tanto bajo Arévalo como después bajo Árbenz, y, al intervenir en nuestro país y cortar la “Primavera Democrática”, se establecieron duras leyes anticomunistas, semejantes a las aplicadas en EE. UU., no sólo en Guatemala sino también en el resto de la región latinoamericana y caribeña.

La jerarquía de la Iglesia Católica se hizo cercana a los gobiernos de la intervención gringa y favoreció la enseñanza y propaganda anticomunista, apoyando en la práctica a la extrema derecha política. No obstante, las prácticas opresivas y represivas de las dictaduras militares y militarizadas llevaron a muchos católicos a romper con la visión anticomunista y sumarse a las filas de quienes querían recuperar la democracia. Con la Teología de la Liberación, sacerdotes y seglares católicos y muchos pastores protestantes se lanzaron a la búsqueda de la justicia social. La respuesta de Estados Unidos a la Iglesia Católica progresista fue la promoción, con recursos y propaganda, de las sectas evangélicas que ya se habían multiplicado y habían aumentado su poder religioso, económico y político en Estados Unidos. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos utilizó todas las armas posibles para derrotar a la Unión Soviética, incluida la instrumentalización de la religión, bajo el argumento de que el comunismo representaba la negación de Dios.

En 1960, la población protestante en Guatemala era el 12.3 por ciento; hoy, es del 42.0 por ciento. La mayoría de los protestantes son conservadores, tanto social como políticamente. Adicionalmente, un porcentaje significativo de católicos han sido atraídos a las posiciones de derecha extrema, al tomar la falsa posición “pro vida”, aunque se destruya la vida con violencia y miseria, y estar contra los derechos reproductivos de la mujer. Ya no les importa si los dirigentes de esa extrema derecha son inmorales, criminales y ladrones; basta con que afirmen que están contra el aborto, para conseguir apoyos.

Esto, que en Guatemala ha producido el concubinato de diversas sectas protestantes con los regímenes inmorales de Ríos Montt, Jorge Serrano, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, en EE. UU. se vive con Trump y sus acólitos, ante quienes algunas iglesias y sectas protestantes cierran los ojos a sus delitos, crímenes, abusos y “pecados”. Es inconcebible que se acepten prácticas genocidas y se cometan crímenes de lesa humanidad amparándose en interpretaciones falsas de la Biblia. Esta semana, el vicepresidente estadounidense, que se dice católico, ha afirmado que el gobierno ayuda a que se cumpla la voluntad de Dios, con su apoyo a la extinción de grupos y pueblos, aun a costa de llegar al fin de los tiempos. Es una velada amenaza de que las guerras imperiales pueden hacer uso de armas atómicas, haciendo realidad el Apocalipsis.

Raul Molina Mejía

rmolina20@hotmail.com

Nació el 20/02/43. Decano de Ingeniería y Rector en funciones de USAC. Cofundador de la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) en 1982. Candidato a alcalde de la capital en 1999. Profesor universitario en Nueva York y la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Directivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG).

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