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En cualquier país del mundo el encargado de controlar la transparencia en el uso de los recursos públicos es una pieza clave para el aprovechamiento efectivo del producto de los impuestos de los ciudadanos. En Guatemala la Contraloría General de Cuentas de la Nación nunca llegó a desempeñar efectivamente esa función fiscalizadora por diversas razones, pero a partir de la creación de otra Comisión Postuladora para proponer a las personas “idóneas” se ha venido repitiendo el modelo de lo que hacen todas las otras postuladoras, supuestamente integradas por representantes del mundo académico.

Ahora está en proceso el trabajo de esa postuladora que, entre sus primeras decisiones, comunicó que son requisitos para postularse el no tener vínculos con partidos políticos ni con organizaciones criminales, entidades equiparadas por los miembros de la comisión en la que hay quienes trabajan para evitar que, por ejemplo, puedan darse reparos por la forma en que se administran los fondos de la USAC bajo la dirección fraudulenta de Walter Mazariegos.

El actual Contralor de Cuentas ha presentado reparos significativos en algunos casos que, como pasa con todo lo que va tras la transparencia en el país, se quedan durmiendo el sueño de los justos. El mismo Mazariegos, que tenía que presentar finiquito para tomar posesión, al no tenerlo fue apadrinado por el sistema de justicia para pasar por alto ese elemental requisito establecido en la legislación.

Dados los niveles de podredumbre que hay en la administración de fondos en Guatemala, y que por lo visto subsisten a pesar del cambio de gobierno ordenado por el pueblo en busca de transparencia, la figura de un verdadero Contralor de Cuentas es en realidad no solo indispensable sino pieza clave de cualquier esfuerzo que se pueda hacer contra la corrupción. Por ello es que hay tantos intereses en juego en la actual postuladora, pues allí puede haber algunos de los que operan alineados “con partidos políticos u organizaciones criminales” que marcan el rumbo de nuestro deteriorado país.

Los ciudadanos, conociendo el poco peso que ha tenido la Contraloría, ya no ponen mucha atención a este proceso pero tenemos que salir de la indiferencia para vigilar y hacer evidentes a quienes terminen votando por los que serán postulados. Si hay una efectiva participación ciudadana en observación de lo que pasa en la postuladora, podremos luego hacer que rindan cuentas los responsables de las diferentes postulaciones.

Aunque la Contraloría no haya jugado siempre el papel que le corresponde, debemos entender que enderezar esa institución y enderezar el sistema de justicia son tareas pendientes si queremos que Guatemala salga adelante.

Redacción La Hora

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