El libro “Monstruos y pájaros” de la reconocida periodista Dina Fernández, publicado por la Editorial Sophos, nos lleva de la realidad firme y verdadera del periodismo, a las utopías e imaginaciones de la literatura moderna. Su ficción complementa trágicas noticias del diario vivir, como una yuxtaposición ampliada, para concluir historias de personajes que sobreviven a cambiantes arquetipos de violencia extrema. En sus escritos, la autora nos invita a recorrer un territorio donde el mal deja de ser un simple antagonista para convertirse en materia viva de reflexión y aprendizaje. Su pensamiento no se limita al recurso metafórico, sino que lo expande y lo convierte en una forma de construcción simbólica que da sentido y dirección. Así, cada página se convierte en un espacio de transformación: lo oscuro se ilumina, lo doloroso se resignifica, y lo negativo se convierte en una experiencia que abre caminos hacia el bien; es decir que vemos reflejado un pensamiento no solamente alegórico, sino también transformador.
Encontramos once cuentos, que relatan de forma ficticia pero a la vez verídica, la realidad de situaciones de intimidación psicológica; sentimientos de aflicción, desaliento, desconsuelo y miedo que se adentran en los personajes, creando en ellos una fuerza incalculable para anteponer el anhelo ante todo sufrimiento, otorgando validez a quienes han logrado mantenerse impávidos ante la crueldad, lo que hace que la autora imponga su mirada justa en cada protagonista, haciendo que sus relatos pasen de la realidad a la ficción y viceversa, pues son la vida misma elevada a una imaginación que va más allá del martirio, exponiendo casos con soluciones abiertas.
De igual manera se refieren al poder, inestabilidad, resiliencia, geografía emocional, memoria histórica, todos centrados en una dualidad que confrontan la duda con el temor, el dolor con la espera, el compromiso social y familiar, dentro de los cuales destacan, por ejemplo: Monstruo, La casa del rosal, Las victorias, Profanación, Gisele y los pájaros, cada uno con su propio caos, con su propia solución, con su propio mundo de ilusiones, compartiendo toda clase de sentimientos, tanto negativos de traumas y presión, que serían representados por los monstruos; como de superación y libertad, que serían caracterizados por los pájaros.
La dualidad entre el bien y el mal está visiblemente definida en las ficciones del contenido, son como un símil de la sociedad de los seres humanos, y ofrecen de manera continua una lectura emocionante, perfectamente detallada, descriptiva y analítica que denuncia injusticias, al mismo tiempo que describe con nitidez y belleza la geografía de Guatemala, con maravilla y respeto a la ancestralidad Maya. Además, muestra cómo la ofuscación se infiltra en la vida de cada personaje, develando secretos y faltas heredadas que tarde o temprano, con voluntad y empeño, pueden romper cadenas generacionales para que reluzca la anhelada justicia.
Los cuentos hacen reflexionar, hacen ver que hay momentos que la brutalidad golpea tan fuerte, que se vuelve casi invisible, como una aberración que se esconde en lo más hondo de la mente, del corazón. Pero en algún lado se aloja esa esperanza existencial, como un hermoso pájaro con su sutil melodía que, por momentos frágil y callada, nos hace ver que puede abrir la puerta para disolver las sombras ante la luz de los silencios, y rescatarnos de inclementes secretos, porque la violencia no puede contra la verdad y la justicia.
El ejemplar se complementa con una magnífica cubierta que ostenta el trabajo fotográfico y de performance: “De alas y espinas” de la virtuosa maestra Cecilia Paredes, quien fusiona su cuerpo con la naturaleza de aves exóticas, predominando hermosamente el color corinto. La obra de arte está inspirada en uno de los grabados: “Las aves de América” del célebre ornitólogo John James Audubon. La portada se vuelve al ojo una trama repetitiva de la mitológica Ave Fénix, que ha resurgido de las cenizas, con plumajes carmesí, combinados con mágicos dorados, creando una atmósfera simbólica de libertad, metamorfosis, y de sagrada identidad. Es una hermosa túnica que se ha impregnado perpetuamente al cuerpo de la artista, como un tatuaje que recita la historia de su vida.
Dina Fernández estudió la carrera de Antropología en la Universidad del Valle de Guatemala, obtuvo la maestría en periodismo de la Universidad de Columbia, y la prestigiosa beca Nieman Fellow de la Universidad de Harvard, otorgada a periodistas destacados mundialmente. Ha trabajado como reportera, editora y columnista en diferentes medios de comunicación nacionales y extranjeros, su hoja de vida es extensa, así como su sobresaliente trayectoria como periodista. Mis felicitaciones Dina por el excelente libro “Monstruos y pájaros”, que es una resignificación de las cicatrices. Agradezco de corazón la dedicatoria: “Para Grecia en honor y memoria de sus papás y con respeto y amor por las palabras”, mi aprecio y admiración siempre.







