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Después de ver la extraordinaria película La Odisea de Christopher Nolan, uno sale extasiado, con el espíritu elevado, con el alma satisfecha. Las retinas se llenan de luz, el cerebro se aturde de mensajes, el corazón se apretuja ante cada esfuerzo, cada lucha, cada desesperación que vive Odiseo.

Esta genial película nos sorprendió a todos, creo que quien la mira termina pensando en esa narrativa que Nolan nos enriqueció y que Virgilio delineó en su obra inmortal, nos conmina a pensar sobre esas experiencias vividas por Odiseo, en donde en diferentes espacios se enfrenta a distintas sorpresas.

Ahí está el cíclope, ese gigante que asusta con su tamaño pero que enternece con ser un amante de sus ovejas, a quienes guía y cuida amorosamente, pero que ante cualquier intrusión peleará por ellas, así es que cuando Odiseo termina atacando al cíclope, sus propios compañeros de viaje le cuestionan porque es el hijo de Poseidón, con lo cual su viaje se hará sumamente difícil y vaya si no.

Así que en cada isla que su barco arriba, se encuentra con diferentes sorpresas, todas con condiciones difíciles de afrontar y salir avante de ellas. La escena de la mujer que les provee comida es francamente genial, cuando en el hartazgo indetenible, termina convirtiendo a cada uno de la tripulación de Odiseo en cerdos de una forma impresionante, mostrando -tal como ella refiere cuando les está sirviendo-, algo así como los hombres que comiendo opíparamente nunca se satisfacen y continúan sin poder parar.

La otra escena que me conmovió fue la de los muertos. Ese lugar al cual llega Odiseo y se encuentra con todos aquellos que murieron por él, pero, así como ellos reiteran su admiración, también le reclaman abiertamente el hecho de haber muerto, sin los honores y la dignidad necesaria al esfuerzo que hacían. Esta escena es francamente brutal, es sombría, es dura, es espeluznante. Y más aún cuando se escuchan gritos de aquellos otros muertos que no tuvieron ninguna consideración y Odiseo y su gente se ven obligados a salir huyendo.

El encuentro con su perro Argos, es una muestra de fidelidad y ternura, pues el perro lo reconoce inmediatamente, lo saluda con las pocas fuerzas que todavía tiene, y que en el mismo momento fallece. Un hola y un adiós enternecedor.

La escena de la pelea cuando Odiseo vuelve junto a Penélope, se realiza en el marco de un entorno sonoro que va escalando y escalando a cada momento de la pelea y uno siente cómo su corazón se adecúa a este sonido reiterativo pero que se eleva más y más, con lo cual, uno prácticamente se encuentra en el centro de la pelea. El cerebro y el corazón hacen eco de este rítmico sonido que atrapa, que envuelve, que empuja a estar ahí.

Cuando uno termina la película -es mi caso particular y mi sentimiento-, uno siente o desea que la película continúe, que sigan progresivamente, pues es tan atrapante que uno mismo se siente dentro de ella y quisiera continuar más y más.

Al final, Virgilio retrata con impresionante simbolismo el esfuerzo de Odiseo por volver a Ítaca, ese retorno lo llena de obstáculos, de figuras, de mensajes que hacen de su esfuerzo por volver, una suma de luchas cada vez más difíciles de sobrellevar.

Si uno hace abstracción de la película, posiblemente se encontrará con pasajes similares en la vida que uno va pasando y que van dejando huellas en el alma, heridas en el corazón, lágrimas de luchas, sudor en cada batalla, sangre que representan las guerras que representan los momentos duros que hemos vivido, pero que al final, al llegar a Ítaca -nuestra propia Ítaca -, culminan con la satisfacción de haber hecho todo por salir adelante.

Juan José Narciso Chúa

juannarciso55@yahoo.com

Guatemalteco. Estudió en el Instituto Nacional Central para Varones, se graduó en la Escuela de Comercio. Obtuvo su licenciatura en la USAC, en la Facultad de Ciencias Económicas, luego obtuvo su Maestría en Administración Pública INAP-USAC y estudió Economía en la University of New Mexico, EEUU. Ha sido consultor para organismos internacionales como el PNUD, BID, Banco Mundial, IICA, The Nature Conservancy. Colaboró en la fundación de FLACSO Guatemala. Ha prestado servicio público como asesor en el Ministerio de Finanzas Públicas, Secretario Ejecutivo de CONAP, Ministro Consejero en la Embajada de Guatemala en México y Viceministro de Energía. Investigador en la DIGI-USAC, la PDH y el IDIES en la URL. Tiene publicaciones para FLACSO, la CIDH, IPNUSAC y CLACSO. Es columnista de opinión y escritor en la sección cultural del Diario La Hora desde 2010

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