Inflación pone a prueba el presupuesto de quienes viven con salario mínimo.
Inflación pone a prueba el presupuesto de quienes viven con salario mínimo. Arte La Hora: Francisco Altán.

El aumento en el costo de algunos bienes y servicios puede hacer que un mismo salario alcance para menos, especialmente cuando se trata de hogares con ingresos limitados.

Alimentos, transporte, vivienda y servicios básicos pueden ocupar una mayor parte del presupuesto y dejar menos margen para el ahorro, los gastos imprevistos o incluso el pago de deudas.

En este escenario, planificar, hacer o reorganizar el presupuesto puede ser más importante que simplemente intentar gastar menos. La clave, explican expertos en finanzas, está en conocer cuánto dinero ingresa al hogar, identificar en qué se utiliza y establecer qué gastos deben protegerse, cuáles pueden reducirse y cuáles pueden esperar.

Cuando el ingreso mensual es limitado, cada quetzal adquiere mayor importancia.

EL PRIMER PASO: SABER CUÁNTO INGRESA

Mariana Méndez, asesora y analista financiera independiente, considera que es posible elaborar un presupuesto incluso cuando se percibe un salario mínimo.

“Cuando el ingreso es limitado, presupuestar se vuelve todavía más importante”, señaló Méndez a La Hora.

Su recomendación es comenzar por identificar el ingreso neto que llega al hogar y registrar durante un mes todos los gastos, incluidos aquellos montos pequeños que suelen pasar desapercibidos.

Después, plantea dividirlos en tres grupos: necesidades básicas, compromisos financieros y gastos prescindibles.

Entre las prioridades deben estar alimentación, vivienda, servicios básicos, transporte necesario, salud y educación. En cambio, entretenimiento, comidas fuera de casa, compras no urgentes y algunas suscripciones pueden revisarse cuando el presupuesto se encuentra bajo presión.

Adrián Lemcke, fundador de Money Coach, coincide en que elaborar un presupuesto no depende necesariamente del nivel de ingresos.

“Un presupuesto no depende del nivel de ingresos, sino del control que una persona tenga sobre su dinero”, afirma. Como referencia, recomienda separar inicialmente 5% del ingreso para un fondo de emergencia y posteriormente cubrir necesidades como vivienda, alimentación y transporte.

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¿CÓMO REORGANIZAR UN SALARIO? 

Los porcentajes pueden parecer abstractos hasta convertirlos en quetzales. Por ejemplo, tomando como referencia un ingreso mensual de Q4 mil 252.28, una distribución orientativa podría ser:

Este ejercicio es únicamente una referencia y no significa que todos los hogares deban distribuir su ingreso exactamente de esta manera.

Méndez advierte que el presupuesto debe adaptarse a la realidad de cada familia.

Si, por ejemplo, una persona necesita destinar 30% o 35% de su ingreso a vivienda, esto no necesariamente significa que esté administrando mal su dinero. Puede reflejar que el costo de vivienda es elevado respecto de sus ingresos.

La diferencia también se observa al comparar ingresos. Un ahorro equivalente al 5% representa Q212.61 para una persona que recibe Q4,252.28 mensuales, mientras que para alguien con un ingreso de Q10 mil serían Q500.

Por ello, más que aplicar una fórmula rígida, el objetivo es determinar cuánto dinero queda después de cubrir las obligaciones indispensables y decidir cómo utilizarlo.

Uno de los principales efectos de la inflación (costo de la vida) es que un mismo salario en la actualidad puede alcanzar para menos productos y servicios que anteriormente.

Ante este escenario, recomienda revisar el presupuesto cada mes, comparar establecimientos, aprovechar promociones, reducir desperdicios de alimentos y revisar servicios contratados que puedan ajustarse.

PRIORIDADES VERSUS GASTOS NO PRIORITARIOS

Cuando el presupuesto se ajusta, no todos los gastos deben recibir el mismo tratamiento.

Méndez plantea como prioritarios la alimentación, vivienda, servicios básicos, transporte necesario para trabajar o estudiar, salud, educación y el pago de deudas existentes.

En este punto, la especialista hace una advertencia: no debe recortarse primero aquello que permite mantener el ingreso.

“Eliminar el transporte necesario para llegar al trabajo puede terminar siendo más costoso que reducir otros gastos”, ejemplifica.

Esto también aplica al contexto de los combustibles. Si una persona necesita movilizarse para trabajar, reducir ese gasto no siempre es una opción real. Si el costo del transporte aumenta, la presión debe compensarse revisando otros rubros del presupuesto.

En contraste, entretenimiento, comidas fuera de casa, compras no urgentes y suscripciones son rubros que pueden reducirse.

Reorganizar el presupuesto no significa necesariamente eliminar todos los gastos que no sean indispensables de un día para otro. El primer paso es identificar cuáles pueden reducirse sin afectar las necesidades básicas o la capacidad de generar ingresos.

CUANDO EL DINERO NO ALCANZA

Reorganizar el presupuesto no significa necesariamente eliminar todos los gastos que no sean indispensables de un día para otro. El primer paso es identificar cuáles pueden reducirse sin afectar las necesidades básicas o la capacidad de generar ingresos.

Entre las opciones están revisar comidas fuera de casa, entretenimiento, compras no urgentes, suscripciones y otros gastos recurrentes.

También puede ser útil comparar establecimientos, aprovechar promociones que realmente representen un ahorro, reducir el desperdicio de alimentos y revisar periódicamente servicios contratados para determinar si pueden ajustarse.

La revisión debe hacerse de manera periódica. Un presupuesto que funcionaba hace seis meses puede dejar de ser suficiente si cambian los precios, los ingresos o las obligaciones familiares.

CRÉDITO NO ES LA EXTENSIÓN DEL SALARIO

Uno de los riesgos de un presupuesto cada vez más ajustado es utilizar crédito para cubrir gastos que se repiten todos los meses.

Si una familia termina cada mes con un déficit y utiliza una tarjeta de crédito o un préstamo para cubrirlo, el problema no desaparece: se traslada al siguiente mes y puede aumentar por los intereses.

Por ello, antes de asumir una nueva deuda, el presupuesto debe permitir identificar si se trata de un gasto extraordinario o de un faltante que se repite.

Cuando el déficit es permanente, la solución no debería ser únicamente conseguir más crédito, sino revisar la estructura de gastos e ingresos.

EL OBJETIVO NO ES QUE TODOS GASTEN IGUAL

Lemcke recomienda como meta que la vivienda no supere alrededor de 30% del ingreso mensual y que vivienda, alimentación y transporte representen cerca de la mitad del presupuesto.

Méndez, sin embargo, insiste en que estos porcentajes deben utilizarse como referencia y no como una regla rígida.

La razón es que las necesidades cambian de un hogar a otro. Una persona que vive sola, una familia con hijos, alguien que paga alquiler o quien debe movilizarse diariamente para trabajar no enfrentan la misma estructura de gastos.

Por eso, el presupuesto debe responder a tres preguntas básicas:

¿Cuánto dinero ingresa?

¿Qué gastos son indispensables para mantener el hogar y generar ingresos?

¿Qué gastos pueden reducirse o posponerse sin afectar esas prioridades?

Responderlas permite reorganizar el dinero antes de recurrir al endeudamiento.

¿CUÁNTO DEBERÍA DESTINARSE A CADA GASTO?

No existe una fórmula única e ideal para todos los hogares. El tamaño de la familia, el lugar donde vive, sus obligaciones y el nivel de ingresos pueden modificar considerablemente la distribución del presupuesto.

A manera de ejemplo, y según cada caso, la tabla que se adjunta acá muestra un presupuesto en el que se destina más porcentaje de gasto a necesidades fijas y menor porcentaje a otros rubros.

Ejemplo de referencia de una manera de hacer el presupuesto.
Ejemplo de referencia de una manera de hacer el presupuesto. Arte La Hora: Alejandro Ramírez.

La recomendación final de los especialistas es evitar presupuestos rígidos o construidos sobre una realidad que no corresponde a la situación económica de cada familia.

Méndez destaca que no es recomendable comparar el presupuesto propio con el de otras personas, debido a que las responsabilidades, ingresos y necesidades son diferentes.

“Un buen presupuesto no es el que se ve perfecto en una hoja de cálculo, sino el que permite llegar a fin de mes, cumplir las obligaciones y, poco a poco, construir un margen financiero”, concluye.

En un escenario de precios cambiantes, el presupuesto debe revisarse periódicamente y ajustarse de acuerdo con las nuevas condiciones.

DE POCO EN POCO SE AHORRA

Ahorrar con un salario limitado puede parecer difícil, pero los especialistas consideran que es posible si se comienza con una cantidad acorde a la realidad de cada hogar.

Méndez recomienda que, cuando las condiciones lo permitan, se separe entre 5% y 10% del ingreso. Además, aconseja hacerlo inmediatamente después de recibir el salario, en lugar de esperar hasta el final del mes.

“Ahorrar Q50, Q100 o Q200 de manera constante es preferible a establecer una meta demasiado alta que termine abandonándose”, explica.

Lemcke también recomienda automatizar el ahorro. Según el especialista, el 5% debe trasladarse inmediatamente a una cuenta destinada a emergencias.

“Cuando el ahorro se deja para el final del mes, normalmente nunca sucede”, advierte.

CAMBIAR ENFOQUE ¿CUÁNDO SE HACE?

¿Qué ocurre cuando una persona ya redujo gastos, eliminó consumos innecesarios y aun así el salario no alcanza?

Para Méndez, ese es el momento de cambiar el enfoque y trabajar en el incremento de los ingresos. La especialista plantea tres objetivos:

  • Proteger lo básico
  • Reducir el endeudamiento
  • Buscar nuevas fuentes de ingreso

Cuando los gastos esenciales ya fueron optimizados, continuar eliminando pequeños consumos puede tener un impacto limitado frente a la posibilidad de conseguir una fuente adicional de recursos.

Lemcke también recomienda explorar actividades complementarias, negocios o servicios que requieran principalmente tiempo y habilidades, sin necesariamente demandar una gran inversión inicial.

“A largo plazo, aumentar los ingresos suele tener un impacto mucho mayor que seguir recortando gastos”, sostiene.

En lo anterior coincide Méndez, “cuando los precios aumentan de manera sostenida, también es necesario buscar aumentar los ingresos”. Las alternativas pueden ser:  hacer horas laborales adicionales cuando sea posible, actividades complementarias o nuevas fuentes de ingreso.

Así que cuando el ingreso es limitado, no siempre se trata de gastar menos, sino de hacer que el dinero alcance para lo que realmente importa.

Jenniffer Véliz
Periodista profesional formada en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Interesada en contar historias desde la investigación, el análisis y las voces de quienes las viven. Enfocada en explicar la realidad social guatemalteca más allá de lo evidente
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