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Tercera Época - La Hora en el Exilio

La Tercera Época es la más breve y se limita a esporádicas publicaciones que Clemente Marroquín Rojas lograba imprimir en México y que entraban a Guatemala de manera clandestina, distribuyéndose principalmente en el Occidente, siendo Quetzaltenango su lugar de mayor difusión. Clemente había emigrado luego que, en la misma elección en que fue electo Ubico, él fue electo alcalde de Jalapa y amigos suyos que tenían vínculos con Ubico le advirtieron que se marchara del país porque su vida corría peligro y lo hizo hacia El Salvador, primero, donde Ubico advirtió al dictador Hernández del peligro que representaba ese emigrado. Viajó entonces a Honduras, donde tenía viejos amigos con los que había trabajado unos tres lustros antes y nuevamente Ubico advierte al también dictador Carías de lo peligroso que era Marroquín Rojas.

Nuevamente expulsado, viaja entonces a Costa Rica donde se asienta por varios años, trabajando como corrector de pruebas en algunas redacciones y publica varios artículos sobre el acontecer de Guatemala y de Centroamérica, sometida a las dictaduras de Ubico, en Guatemala, Hernández en El Salvador, Carías en Honduras y Somoza en Nicaragua. Sin comunicación con nadie en Guatemala, porque su correspondencia y la que le dirigían era confiscada por el gobierno, decide viajar a México donde un viejo refugiado anticabrerista guatemalteco, el doctor Prado Romaña, le acoge y lo pone como maestro de obra de varias construcciones que el galeno hacía en el Distrito Federal.

Consigue empleo en una revista donde semanalmente escribe una columna que llamó “Por el Espinazo de América” con comentarios políticos de lo que ocurría en el continente. Tras la caída de Ubico regresa a Guatemala y es capturado por Ponce y enviado “por cordillera”, es decir a pie, hacia El Salvador con otros guatemaltecos considerados como peligrosos por el régimen. De allí viaja de vuelta a México, específicamente a Tapachula pues fue contactado por Árbenz en El Salvador y le advirtió sobre los planes en marcha que culminarían el 20 de Octubre. En Tapachula tenía amigos guatemaltecos que eran los responsables de entrar las ediciones clandestinas de La Hora a nuestro país y con ellos armó un contingente que en esa fecha invade el territorio y dos días después regresa de manera definitiva a su patria, de la que nunca más vuelve a salir.