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Cuarta Época - De la Revolución al Centenario

Guatemala disfrutaba los aires de libertad cuando Clemente Marroquín Rojas llega a la Estación de Ferrocarril el 22 de octubre del 44 e inmediatamente piensa en publicar La Hora para acompañar el proceso de la creación del nuevo modelo político. Literalmente con una mano atrás y otra adelante busca a sus amigos, a los que tenía 14 años de no ver, algunos de los cuales, especialmente Chuchín Silva Peña, le ayudan “prestándoles unos cuantos pesos” suficientes para que el 1 de noviembre de 1944, es decir en el término de casi una semana, se publique nuevamente La Hora, justo cuando se arranca la integración de la Asamblea Nacional Constituyente para la que resultaría electo, dando inicio a la cuarta época que llega hasta el día de hoy, cuando se cumplen cien años de la primera publicación en aquel remoto 19 de junio de 1920.

Se trata de casi 76 años de presencia cotidiana en la historia del país, interrumpidos apenas por los cinco días que el diario fue cerrado por orden de Jorge Serrano porque se negó a aceptar la presencia de censores, mismos que fueron tolerados por otros medios para circular bajo férrea censura, episodio que reseñaremos en este breve recuento de la vida de La Hora.

Terminada la dictadura el anhelo de La Hora y de su fundador es contribuir a la creación de un nuevo sistema político basado en el principio de Libertad que inspiró la creación del diario desde los lejanos días de la lucha contra Estrada Cabrera. Y Clemente se convierte en cronista, relatando día a día, las incidencias de lo que ocurría en la Constituyente, con la visión y relato de quien era no solo testigo de primera mano sino actor en la elaboración de la Carta Magna y miembro de la Comisión de los 15, encargada de su redacción. Y fue cuando libró hermosas batallas como la de luchar por el voto del analfabeto, regateado por los ilustrados que decían que dando voto al ignorante volvería a florecer la dictadura. Marroquín Rojas demostró cómo las dictaduras fueron realmente producto de la gente ilustrada, de los aduladores y chaqueteros que rodearon a los Barrios, Estrada Cabrera y Ubico y jamás el pueblo al que, además, se le había impuesto la ignorancia por la desidia de los gobiernos para educarlos.

Eran épocas en las que en Guatemala se hablaba aún del “problema indígena” y cuando los más progresistas eran los que proponían su “ladinización”, es decir que abandonaran su propia cultura y valores para asumir los de los criollos y ladinos que los habían marginado y los trataban como seres inferiores a los que, según la prédica, debía salvarse mediante la implantación de los actitudes que se decían parte del desarrollo. Situación que persiste hoy entre muchos que piensan que el indígena es pobre por haragán y dejado, pasando por alto años de explotación y marginación que incluyen la esclavitud de la Ley de Vialidad y la Ley Contra la Vagancia impuestas en el gobierno de Ubico. Fue hasta en los Acuerdos de Paz, a finales del siglo pasado, cuando se reconoce la identidad de nuestros pueblos originarios, reconocimiento que en mucho no ha pasado del diente al labio. El caso es que en 1944 ni los más revolucionarios y los más progresistas entendieron la realidad del pueblo indígena de Guatemala y el tema no fue parte de la agenda revolucionaria.

Vigente la Constitución y electo Arévalo nuevos vientos soplan en el país y se produce una era de rico debate entre distintas corrientes políticas e ideológicas, al amparo del cual van surgiendo complots y conspiraciones de las fuerzas ultraconservadoras. Pero en las páginas de los diarios, que los había de todo tinte y color, el debates era intenso y rico y las polémicas fueron el mayor atractivo y La Hora se convirtió en un medio muy popular por la capacidad de Marroquín Rojas para debatir con tirios y troyanos sobre temas que iban desde lo histórico, lo económico y social hasta lo religioso, siendo esas polémicas comidilla diaria de la sociedad.

Segmentaremos el relato de acuerdo a los gobiernos para concretar e ir marcando etapas.

Con Arévalo Marroquín Rojas se distancia cuando deja el ministerio de Trabajo porque él no apoya la formación de sindicatos en las plantaciones de la frutera, cosa que Arévalo estimulaba y arrecia el distanciamiento cuando se trata de aprobar una ley mordaza para acallar a la prensa independiente. Intensos debates con figuras ilustres del arevalismo enriquecen las páginas de La Hora donde no solo se publicaba la opinión del director sino, completos y sin censura, los argumentos contrarios y hasta los ataques en su contra. El distanciamiento se hace más agrio como consecuencia de esas polémicas y tras la muerte de Francisco Javier Arana y el levantamiento que le siguió, el oficialismo afirma que La Hora era parte del movimiento aranista por la relación de mutuo respeto, aunque no de amistad, que hubo entre el jefe militar y el dueño del diario.

Electo Jacobo Árbenz, a quien muchos sindicaban de ser el causante de la muerte de Arana, Marroquín Rojas es crítico del régimen y no por gusto en su obra Tiempos Recios Vargas Llosa dice que El Imparcial y La Hora eran caja de resonancia de la propaganda de la Frutera para vender la idea del comunismo de Árbenz. Convencido de que los comunistas llevaban al Presidente al precipicio, criticó a los que llamaba los “chiquilines”, quienes respondían afirmando que lo que existía era una conspiración montada por la UFCO contra un gobierno que pretendía terminar con beneficios obtenidos en medio de profunda y enorme corrupción. Al conocerse los documentos secretos de la CIA se confirmó el montaje desde Washington y el error de apreciación en que incurrió La Hora.

El vuelo de un sulfato, en las postrimerías del régimen, permitió a Marroquín Rojas escapar de la policía a donde había sido llevado por órdenes de los jefes Cruz Wer y Rosenberg, pero por valiente, firme y bien intencionada que haya sido la lucha de Clemente contra el régimen, la historia develada posteriormente sobre cómo la UFCO manejó todo el tema con la CIA y el Departamento de Estado, confirman un grave error de apreciación.

El triunfo de la Liberación vino a establecer restricciones a la información y se produjeron leyes como la de Defensa de las Instituciones Democráticas que fueron abiertamente represivas y se abrió una etapa de profunda polarización de la sociedad que perdura hasta estos días. Miles de guatemaltecos tuvieron que emigrar hacia el exilio que para muchos perduró hasta su muerte, y en plena era del macartismo en nuestro país se realizó una verdadera cacería de brujas. La Hora, como la mayoría de los medios de esa época, aplaudió el triunfo de los liberacionistas y nuevamente Clemente Marroquín Rojas fue electo para la nueva Asamblea Constituyente que revertió todos los avances de la Revolución de Octubre. Al contradecir en uno de los debates a la aplanadora liberacionista, fue agredido por la barra que, vociferante, asistía a las sesiones para imponer la línea oficial, acto por el que renunció al cargo de diputado. Fue en esa época que libra en La Hora la batalla por los derechos de Guatemala sobre el Lago de Güija, evitando así otro despojo a la patria.

El período de Castillo Armas como Presidente se caracterizó por revertir las disposiciones arbencistas y consolidar el poder de la Frutera y en medio de rumores de la intención del Presidente de buscar su reelección se produce su asesinato que hunde al país en un período de varios meses de inestabilidad política, una elección anulada por fraude y la posterior elección de Ydígoras Fuentes, opositor a las fuerzas liberacionistas encabezadas primero por Miguel Ortiz Passarelli, en la elección anulada, y luego por el coronel José Luis Cruz Salazar. En esa contienda La Hora se inclinó por Ydígoras, quien terminó siendo investido como Presidente de la República.

Ni a Arévalo, Árbenz o Castillo Armas se les formularon señalamientos de corrupción pero en el gobierno de Ydígoras el papel de su yerno se volvió escandaloso y los negocios de las corcholatas dispuestas por el fisco para las bebidas alcohólicas y la creación de la Flota Mercante Centroamericana fue motivo de escándalo reflejado en las páginas de casi todos los medios, incluyendo La Hora. La corrupción oficial provocó el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960 que derivó en censura y fue aplastado por el apoyo recibido por el gobierno de parte de los anticastristas que la CIA entrenaba en la Finca Helvetia, propiedad de Roberto Alejos Arzú, parte del círculo más íntimo de los ydigoristas cuya economía prosperaba al amparo del régimen. La Hora fue el medio que descubrió, en exclusiva lo que ocurría en Helvetia y un trabajo del reportero Carlos Rafael Soto destapó la presencia de los cubanos en Guatemala, mismos que realizaron la fallida invasión en Bahía de Cochinos.

Un demoledor artículo de Marroquín Rojas criticando la corrupción del gobierno de Ydígoras fue publicado el 30 de marzo de 1963, luego que el Presidente había creado un Gabinete militar, y al día siguiente se produce el golpe de Estado de su Ministro de la Defensa, coronel Enrique Peralta Azurdia, quien lo derroca y proclama la “Operación Honestidad”, manejando al país con severas medidas en medio del incipiente movimiento guerrillero y censurando a los medios. La Hora pasó buena parte de ese régimen bajo la censura oficial.

En 1966 se produce la elección de nuevo gobierno al amparo de la nueva Constitución y Clemente Marroquín Rojas acompaña a Julio César Méndez Montenegro como candidato a la Vicepresidencia por el Partido Revolucionario, ganando la elección al candidato del oficialismo y al candidato de la Liberación. La campaña fue álgida y los artículos diarios de Clemente eran incisivos y determinantes, pero más cuando el alto mando del Ejército dispuso condicionar la entrega del poder, a lo que se resistió CMR. Voces intrigantes crearon la primera fisura entre Marroquín y Méndez Montenegro diciéndole a éste que la oposición de Marroquín era para propiciar un cuartelazo, por lo que para disipar cualquier duda, le dijo que firmaría sin leer lo que el Presidente electo firmara. “Donde usted estampe su firma firmaré yo sin leer el texto, en prueba de que soy un hombre leal ante todo”, dijo y así lo hizo.

Aceptadas en esas condiciones los términos del Ejército, asumen sus cargos sin que Marroquín deje su función de periodista comentando el acontecer nacional. Al viajar el Presidente a México en visita oficial, asume temporalmente la Presidencia de la República, pero desde La Hora critica la decisión de ir a suscribir un acuerdo para construir una presa en el río Usumacinta que anegaría buena parte del territorio de Petén. Su intensa campaña hace abortar el plan pero deja profundas heridas en la relación entre ambos, misma que se sigue deteriorando hasta que el Congreso dominado por el PR emite un voto de falta de confianza en contra del Vicepresidente.

Tras la ruptura total La Hora apoya la candidatura de Carlos Arana Osorio no obstante que era uno de los factores esenciales del pacto impuesto por los militares a Méndez Montenegro y su fama de violento “pacificador” de oriente. Al hacer gobierno impulsó algunas políticas de mediano y largo plazo pero se distingue por la represión y por ser el gestor, promotor y realizador del primero de la serie de fraudes electorales en los que cada gobierno aseguraba que el más influyente de los militares asumiera el poder en el próximo período. La Hora cuestionó el fraude de 1974 que entregó el poder a Kjell Laugerud en perjuicio de Ríos Montt y con la útil complicidad de Somoza Debayle.

El terremoto del 76 hizo que todos los sectores se unieran en el esfuerzo de reconstrucción y los medios, entre ellos La Hora, hicieron su aporte informando objetivamente, a lo que contribuyó, en mucho, el papel del gobierno y del Comité de Reconstrucción que no solo administraron correctamente la ayuda y los recursos, sino que propiciaron flujos de información certeros y adecuados. Es a finales del gobierno de Laugerud que se produce la muerte, a los 80 años de edad, del fundador de La Hora, quedando la estafeta en manos de su hija Marina Marroquín Milla quien asume la dirección y administración del diario, haciendo lo que estaba en sus manos, dejando la producción noticiosa en manos de un veterano cuerpo de redactores, encabezados por Ángel Monasterio, quienes hacen lo posible por cumplir con la tarea informativa pero los recursos escasean y estuvo a punto de cumplirse la sentencia hecha alguna vez en los últimos meses por Clemente, quien dijo “al morir yo se muere La Hora”.

El gobierno de Romeo Lucas fue uno de los más represivos y duros de esa época de regímenes militares y de 1978 a su derrocamiento en 1982 gobernó con verdadera mano dura, siendo en su época en la que se popularizó la frase de que robaban pero hacían obra, porque en medio de serios cuestionamientos a varios de sus parientes que fueron muy influyentes en el período, se construyeron obras como el Hospital General post terremoto y la autopista a la Antigua Guatemala. Fue por sugerencias de La Hora que cuando se supo que Belice proclamaría su independencia de Gran Bretaña y recibiría reconocimiento de muchas naciones, Guatemala simplemente hiciera reserva expresa de sus derechos históricos sobre el territorio, consejo que fue seguido por Lucas y ejecutado el día de la independencia.

Ya para 1982 se estaba haciendo realidad aquella fatalista premonición y fue entonces cuando Oscar Marroquín Rojas y su hijo Oscar Clemente Marroquín, deciden hacerse cargo de La Hora tomando la difícil y dura decisión de sacrificar sus propias publicaciones, entre las que destacaba el semanario La Hora Dominical fundado en 1948 y el diario Impacto. El reto era grande porque como siempre decía el mayor de ellos, es más fácil emprender algo nuevo que resucitar a un muerto y casi en ese estado se encontraba ya La Hora cuando cerró la empresa Clemente Marroquín Rojas y Compañía Limitada y surge la empresa La Hora Sociedad Anónima, siendo los socios el hijo y el nieto del fundador.

Arranca esa etapa bajo la dictadura de Ríos Montt y la nueva gestión en La Hora no vacila en señalar los abusos y prepotencia del régimen por lo que nuevamente se producen represalias de diverso tipo. El gobierno de corte mesiánico dirigido por el general que salió huyendo luego que le robaron la elección de 1974 ha sido ampliamente juzgado por la historia pero hay que decir que su relación con la prensa fue extremadamente tóxica por ese factor de fanatismo que impuso como telón de fondo de la gestión administrativa.

Fue tal el cansancio que el mismo Ejército dispuso el relevo designando jefe de Estado al general Oscar Mejía Víctores quien convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que se encargó de redactar la nueva Carta Magna tras una elección que se puede considerar abierta y legítima, que produjo un conglomerado diverso en el que hubo expresión de distintas corrientes ideológicas, exceptuando al marxismo, proscrito en todo el ordenamientos legal el país. El producto fue una Constitución aceptable y por supuesto perfectible, pero que sirvió de marco para la llamada “apertura democrática” que fue recibida con ilusión por la ciudadanía sin imaginar que el resultado sería la creación de un régimen perpetuo de corrupción y latrocinio que sepultó la aspiración popular de un modelo basado en el concepto de Lincoln de tener un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo porque, a pasos agigantados, cada gobierno que se fue sucediendo perfeccionó los métodos para el saqueo y el latrocinio.

¿ERA DEMOCRÁTICA O ERA DE CORRUPCIÓN?

Como todo el país, La Hora celebró el retorno al orden constitucional en medio de un clima de tolerancia que impuso el mismo Vinicio Cerezo, electo como primer Presidente de la nueva era. En pleno Conflicto Armado Interno, el régimen trató de crear un nuevo ordenamiento en el que, por supuesto, los errores eran tolerados y no se vivía un clima de absoluta polarización como se llegó a dar posteriormente. No estuvo exento el régimen democristiano de asonadas e intentonas de golpe de Estado, pero sin asumir posturas represivas, con una actitud muy profesional del Ejército, se logró superar el problema y, repetimos, el clima de libertad era evidente y aunque al Presidente le molestaba la crítica, como es natural, solía decir que eso y las protestas eran la música de la democracia sin que se produjeran arrebatos como los que eran histórica costumbre en las relaciones entre la prensa y los gobernantes. Y hemos hablado de la forma en que la corrupción contaminó y terminó destruyendo la tal apertura política y el régimen de Cerezo tiene su cuota de responsabilidad. Si bien era la época en que los gastos confidenciales eran la principal fuente de ingreso que tenían los gobernantes, no se puede dejar de señalar la venta de Aviateca, que colocó a allegados de Cerezo en puestos casi vitalicios en la firma compradora, ni la creación de la telefonía celular que también produjo réditos a funcionarios del régimen.

Tras una alegre y entretenida campaña electoral en la que puntearon Jorge Carpio Nicolle y Jorge Serrano Elías, el impulso del protestantismo aglutinado tras la figura del segundo fue factor determinante para su triunfo, relegando a Carpio por segunda vez a ser derrotado en segunda vuelta. Serrano había sido de joven campeón de oratoria y un debate apalabrado con el presidente Cerezo, en plena campaña, fue uno de sus grandes aciertos. Su investidura recordó en mucho los tiempos de Ríos Montt porque el mismo mesianismo dogmático se hizo sentir y la intolerancia de Serrano era muy parecida a la del veterano general. Los confidenciales fueron, como nunca, la caja chica de un Presidente que reconoció haber llegado al poder endeudado hasta la coronilla y que terminó como un verdadero potentado. Diferencias en cuanto al manejo de los recursos, más que de otro tipo, generaron el conflicto con el Congreso y la Corte Suprema de Justicia. Era el Congreso de Chinchilla Vega y compañía, preludio muy lejano de lo que el Legislativo llegó a ser en siguientes períodos hasta la fecha y la Corte de Rodil era criticada pero no se comparaba, ni por asomo, con las que hemos tenido a partir de las Comisiones de Postulación. A ese Congreso y esa Corte fue que disolvió Serrano en un golpe de Estado el 25 de mayo de 1993 que rompió el orden constitucional. Ordenó la censura a la prensa y cuando los censores designados llegaron a La Hora se les dijo que no podían ingresar y la respuesta fue que entonces no circularía La Hora, quedando el edificio rodeado por fuerzas policiales que montaron un cerco. En medio de la intensa movilización de algunos sectores, no muy numerosos pero sí influyentes, se empezó a producir la fisura en el Ejército y la oposición que revienta el lunes 31 de mayo, La Hora decide romper el cerco policial y contando con la colaboración de personalidades como Rigoberta Menchú y Rosalina Tuyuc, su director sale con los diarios impresos repartiendo profusamente la edición que decía “Clamor para que renuncie Serrano”. Al día siguiente la Corte de Constitucionalidad lo desconocía a él y su Vicepresidente, ordenando al Ejército ejecutar la resolución.

El entonces Procurador de los Derechos Humanos, Ramiro de León Carpio, cuya captura había sido ordenada sin éxito por Serrano, resulta electo Presidente Constitucional por el Congreso, iniciando un proceso que se planteó como de depuración porque reinstalado el Congreso y la Corte, ambos cuestionados por corrupción, De León Carpio ofreció su limpieza. Ramiro fue otro Presidente tolerante con la prensa y respetuoso de la libre expresión. Fue en su gobierno, sin embargo, cuando se produjo la primera cooptación burda y descarada del Sistema de Salud que cayó en manos de un veterano negociante de medicinas que puso al Ministro y todo un equipo que colocó la cartera literalmente bajo el eclipse de una muy peculiar “Luna”. Informado De León de lo que ocurría, dijo que sin pruebas fehacientes no podía hacer nada y dejó continuar el lucrativo negocio. En su tiempo se prohibieron los gastos confidenciales, pero su jefe de Estado Mayor, Otto Pérez, le dijo que no se preocupara porque para eso estaban los gastos secretos del Ejército que empezaron a ser caja chica de los gobernantes.

Álvaro Arzú, que tenía como slogan que al periodista o se le paga o se le pega, se dio cuenta que con La Hora no funcionaba lo primero y procedió a lo segundo. La Hora criticó intensamente la privatización de la telefonía mediante argucias legales y la creación de una sociedad anónima espuria, así como la forma en que las frecuencias telefónicas quedaron en manos de los parientes del Presidente y otros negocios de la llamada privatización que alcanzó también al sistema nacional de correo. Arzú envió a sus emisarios a las empresas a advertirles que anunciar en La Hora tendría repercusiones con auditorías fiscales porque se entendería como un desafío al gobierno. Ese mismo mecanismo lo usó contra Guatemala Flash y la revista Crónica que terminaron sucumbiendo al cerco económico. La Hora consumió hasta el último centavo de sus ahorros y, contra viento y marea, logró subsistir al régimen de Arzú.

Alfonso Portillo fue tolerante con la prensa no obstante que en su enfrentamiento con el poder económico se ganó la enemistad de poderosos medios que no vacilaron en calificar al suyo como “el gobierno más corrupto de la historia”, pasando absolutamente por alto los mucho más gruesos desmanes hechos en el período de Arzú. Portillo hizo uso de los nuevos confidenciales que fueron los gastos militares mientras algunos de sus allegados hicieron negocios importantes, sobre todo en puertos y aduanas. Perseguido al terminar su período, fue despojado de la inmunidad del Parlacen, terminó en prisión y fue extraditado a EUA por los cheques del soborno que Taiwán ha dado a los presidentes desde antes de su investidura para que mantengan sus relaciones diplomáticas, hechos reseñados en las ediciones de La Hora.

Fue sustituido por Óscar Berger quien pasó por la Presidencia, literalmente, sin pena ni gloria permitiendo que muchos de sus allegados aprovecharan la tradición del tráfico de influencias y abuso de poder para realizar negocios. La obra pública ha sido, desde los primeros días de la “era democrática” una piñata y fue en el gobierno de Berger que el enviado de la Organización Internacional de Migraciones a Guatemala, convertida la entidad en instrumento para la ejecución de contratos, dijo aquella célebre y certera frase de que aquí “no hay obra sin sobra”, justificando así los malos manejos que se dieron en la entidad internacional contratando en nombre del Estado pero, de paso, expresando una abrumadora verdad.

Los constantes señalamientos de actos concretos de corrupción en todos esos gobiernos eran olímpicamente ignorados y no había el menor interés en los entes de investigación, tanto del Ministerio Público como de la Contraloría, pero fue en el gobierno de Berger cuando se crea la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala que vendría, años después, a alborotar el cotarro.

Esa Comisión estuvo a punto de abortarse porque el dictamen de una comisión del Congreso recomendaba no aprobar su creación. El voto decisivo fue del diputado César Fajardo, del partido de Colom. Un artículo de La Hora evidenciando sus vínculos con las mafias hizo que se cambiara el dictamen y se recomendara crear la CICIG, cosa que finalmente hizo el pleno.

El gobierno de Colom fue señalado siempre en La Hora como el gobierno de Sandra Torres por el papel que ella jugaba y la triste posición en que fue refundido su marido falto de carácter. Fueron cuatro años de denuncia de los desmanes y abusos con los programas sociales y por la presencia de Gustavo Alejos que en ese tiempo era el gran operador de los negocios. Negocios de todo calibre eran dirigidos directamente por Torres quien, al no firmar ningún documento oficial, embarró a otros pero resguardó su carácter intocable. Acá se señaló la ilegalidad de su pretendida candidatura por el parentesco con el Presidente, detalle que finalmente terminó siendo decisivo para eliminarla de la contienda.

Y llegan Otto Pérez y Roxana Baldetti al poder, en ese caso sí compartido entre Presidente y Vicepresidenta, y los desmanes siguen pero se vuelven más públicos por el cinismo de Baldetti quien no tiene el menor rubor y descaradamente publicita trinquetes tan burdos como el del lago de Amatitlán. Fue ese el momento en que la CICIG determina que son cuerpos paralelos los que están operando los negocios y que caen dentro de su mandato de investigación y agarró, literalmente, a todos con los calzones en la mano empezando la gran lucha que utilizó muchas de las publicaciones de prensa como punto de arranque de sus investigaciones que terminaron enviando a la cárcel a los dos personajes y a muchos de sus operadores y colaboradores. Inicialmente la sociedad aplaudió unánime a la CICIG, tal era el desprecio por la desfachatez mostrada por Baldetti, pero cuando se vio que no iban solo contra políticos mordelones sino contra los causantes de la verdadera corrupción y cooptación del Estado, la tortilla empezó a voltearse y la activación de masivos net centers empezó a generar la idea de que los izquierdistas eran los que estaban contra la corrupción, tema que prendió en un país con una sociedad polarizada desde 1954.

La Hora llamó a que en esas condiciones no valía la pena ir a elecciones pero las élites se impusieron y terminaron imponiendo, tras financiarlo, a Jimmy Morales quien superó en cinismo y desfachatez a la misma Baldetti, montando la exitosas campaña para sacar a la CICIG, punto de partida de una estrategia que ahora espera su toque final con la elección de las Cortes para perpetuar el régimen de impunidad que tanto beneficia a una clase política corrupta que hace mancuerna con sectores que han ordeñado por años al erario público. Los cuatro años de gobierno de Morales fueron de intensa lucha contra sus desmanes y abusos. Fue tal el papel de La Hora que el Pacto de Corruptos se propuso eliminarla y aprobaron en el Congreso una ley dedicada a ese fin, eliminando las publicaciones legales de actos judiciales, ley que fue dejada sin efecto por inconstitucionalidades encontradas por la CC, frustrando el plan de acabar con un medio molesto que no tuvo pelos en la lengua para señalar al pacto de sinvergüenzas.

En ese gobierno el TSE eliminó candidaturas para borrar de la papeleta a todos los que estuvieran contra el pacto de corruptos y en ese contexto resulta electo Alejandro Giammattei a quien, como a todo el país, le tocó bailar con la más fea por la propagación del coronavirus que hoy es el marco de referencia para este día de centenario.

Sirva este sucinto recuento de breve testimonio del pasado y de los valores que inspiran nuestros planes de futuro que son ambiciosos para seguir creciendo y sirviendo con compromiso.