Washington
DPA

Donald Trump se apuntó hoy una victoria con la decisión de la FIFA de elegir a Norteamérica como sede del Mundial de fútbol 2026, pese a que él fue el principal factor disrruptor de la candidatura integrada por Estados Unidos, México y Canadá.

Entre las cuestiones que generaban rechazo a la candidatura norteamericana estaban la política migratoria del mandatario republicano y la ruptura en el mundo real de la armonía entre su país y los dos socios con los que organizará el Mundial. De México, a cuyos inmigrantes criminaliza, quiere separarse con un muro y a este país y a Canadá los ha amenazado constantemente en el marco de la renegociación del Nafta y su guerra comercial.

Trump se anota el tanto además tras casi un año y medio de presidencia en el que su relación con el mundo del deporte ha estado marcada por el enfrentamiento abierto con los jugadores negros de la NFL que, siguiendo el ejemplo de Colin Kaepernick, hincaban la rodilla durante el himno nacional como protesta contra el racismo.

Los llamó «hijos de puta», pidió a los clubes que los echaran y sus presiones lograron que la NFL cambiara recientemente su política para vetar esas protestas en la próxima temporada.

También se ha puesto de frente a grandes de la NBA como LeBron James y Stephen Curry, muy críticos públicamente con él. La semana pasada, Trump anunció que este año, ganara quien ganase la final de la liga de baloncesto, no recibiría ni a los Warriors de Curry ni a los Cavaliers de LeBron.

La batalla por albergar el Mundial 2026 contra Marruecos se ha ganado con o pese a Trump y el mandatario se anota un punto tras implicarse personalmente en ella.

No deja de ser llamativa, no obstante, su implicación en la defensa de una candidatura conjunta con los socios a los que demoniza. Pero el Mundial de fútbol, que Estados Unidos albergó ya en 1994, es la competición deportiva más lucrativa del mundo y promete ingresos millonarios para los organizadores.

«Estados Unidos, junto con México y Canadá, acaba de llevarse la Copa del Mundo. ¡Felicitaciones – una gran labor de duro trabajo!», tuiteó Trump en la mañana de este miércoles, apenas una hora después de llegar a la Casa Blanca desde su cumbre con el norcoreano Kim Jong-un en Singapur.

Poco le importó al mandatario que, tras los escándalos pasados en la FIFA, la votación que tuvo lugar este miércoles en Moscú estuviera pensada precisamente como ejercicio de transparencia e independencia: un voto por país y todos públicos. Al contrario: se valió de que el voto de cada federación nacional iba a ser conocido para ejercer presión sobre los Gobiernos.

«Sería una vergüenza que países a los que siempre apoyamos fueran a hacer lobby contra la candidatura de Estados Unidos», tuiteó el 27 de abril. «¿Por qué deberíamos apoyar a esos países si no nos apoyan a nosotros (incluido en las Naciones Unidas)?», añadió.

Nunca un mandatario trató de ejercer públicamente semejante presión sobre una votación de la FIFA y ésta le recordó entonces en un comunicado que las injerencias políticas están prohibidas.

Pero el toque de atención no lo frenó y solo tres días después de su tuit volvió a lanzar una amenaza con el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, a su lado en el jardín de la Casa Blanca.

«Espero que todos los países africanos y los países a lo largo del mundo a los que apoyamos nos respalden a nosotros también en nuestra candidatura con Canadá y México para la Copa del Mundo de 2026», dijo. «Vamos a estar observando muy de cerca. Y toda ayuda que nos puedan dar para esa candidatura la agradeceremos», añadió.

La federación nigeriana votó este miércoles por Marruecos, pero el continente africano -a cuyos países Trump llamó hace unos meses «agujeros de mierda»- se dividió en su voto.

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