
Hace 25 años, Milton Meléndez arrancaba su carrera periodística en una radio guatemalteca que apenas nacía.
Hoy, ese mismo sueño lo tiene instalado en Buenos Aires, viviendo desde adentro, como periodista de la cadena ESPN, la final de la Copa del Mundo.
En esta entrevista, el comunicador guatemalteco y quien dice sentirse más guatemalteco que nunca, habló con La Hora de fútbol, de Messi, de lo que es vivir en el epicentro de la emoción y de lo que significa representar a Guatemala en uno de los escenarios más importantes del deporte mundial.
Esto nos dijo Meléndez desde los estudios de ESPN:
La Hora: Después de tantos años viendo fútbol, viviendo fútbol, contando fútbol… ¿Qué representa esta final, más allá del resultado? y ¿Qué está en juego que no se puede medir con un marcador?
Meléndez: Estamos a las puertas de un partido que puede ser histórico. Solo en dos ocasiones, desde 1930, una selección ha logrado ser bicampeona del mundo: Italia, en los años treinta, y la Brasil de Pelé, entre Suecia 58 y Chile 62.
Hoy tenemos ahí, a un paso, a la Argentina de Messi y a toda esta generación de jugadores que ha demostrado ser la generación dorada del fútbol argentino.
Por todo lo que envuelve y por cómo se han venido dando las cosas para Argentina en este campeonato, que les ha tocado sufrir en todos los partidos, creo que eso hace que se sienta que lo que más cuesta es lo que más se disfruta.
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La Hora: ¿Con qué fortalezas llega Argentina que pueden hacer la diferencia en el juego contra España?
Meléndez: La verdad es que están muy parejos. Revisé los números y son seis victorias para Argentina, seis para España y dos empates en 14 partidos. Así de parejo está esto.
España es un equipo joven, con muchos automatismos, que sabe qué jugar. Argentina también tiene esos automatismos, también sabe qué jugar, pero tiene algo que España no tiene: a Messi.
Eso puede marcar la diferencia. Como si faltara algo más, hasta el Balón de Oro podría aparecer por ahí como un premio agregado a todo lo que se viene.
La Hora: Argentina ya es campeón del mundo, ya tiene su estrella, ya cerró la herida de 2014. Entonces, ¿qué es lo que se busca ahora? ¿Qué queda cuando ya se consiguió lo que parecía imposible?
Creo que lo que se juega hoy va más allá del resultado: es la posibilidad de que Lionel Scaloni se convierta en el único técnico de la historia en lograr el bicampeonato de la Copa América y el bicampeonato del mundo.
Un entrenador que llegó cuestionado, con poca experiencia dirigiendo un club, y que hoy es el técnico más ganador en la historia del fútbol argentino. Eso también le da un peso distinto a esta final.
La Hora: Si esta fuera realmente la última vez que Messi juega una final con la selección, ¿Qué le gustaría que la gente entienda o recuerde de haber sido testigo de esto? ¿Qué se pierde el mundo si esto termina?
Meléndez: Muy probablemente esta sea la última vez que veamos a Messi jugar una final de Copa del Mundo con la selección argentina. No porque le falte capacidad, sino porque ya tiene 39 años y él mismo ha dicho que este sería prácticamente su último Mundial.
Lo que me gustaría que la gente entienda es que fuimos unos bendecidos por poder ver esta generación de jugadores: a Messi ganarlo todo, a nivel de clubes y de selección; a Cristiano Ronaldo, ese verdadero monstruo del fútbol, completando también su propia historia. Vimos a Modrić despedirse en este mismo Mundial. Detrás vienen ya nuevas caras —Mbappé, Yamal, la nueva sangre francesa y española—, pero difícilmente vuelva a existir otro Messi.
Hace 40 años se fue un 10 argentino llamado Maradona; hoy, otro 10 argentino, Messi, podría irse ganándola.
La Hora: Pocas veces se le pregunta esto a un periodista: ¿le tiene miedo a este partido? No al resultado, sino a lo que significaría perderlo después de todo lo que se construyó.
Meléndez: No, miedo no. El fútbol es un juego de ganar, perder o empatar, y en una final no se puede empatar. Gana el que menos se equivoca.

Sinceramente, me da mucho pesar el que pierde, porque hizo los mismos méritos que el otro para llegar hasta ahí y solo uno se puede llevar el título. Eso creo que es lo que realmente entendemos cuando llega una final: que los futbolistas también son personas que extrañan a su familia, que tienen sueño, que quisieran estar con sus hijos y no pueden, porque para ellos esto no es diversión, como lo es para nosotros, sino un trabajo de altísima exigencia, donde no se pueden permitir errores.
La Hora: Si pudiera contarle a su yo de hace 20 años, cuando arrancaba en el periodismo en Guatemala, que iba a estar viviendo esto desde adentro, en Argentina, cubriendo una final del mundo… ¿qué le diría?
Meléndez: No me lo hubiera creído. Llevo casi dos años instalado acá, aunque ya conocía el país de cuando vine a trabajar con ESPN en una primera ocasión.
Es un país que respira fútbol en cada esquina. Uno puede subirse a un tren en Buenos Aires, cruzar palabra con un completo desconocido, y en minutos terminan desmenuzando tácticamente un partido, para luego despedirse como si nada.
Tengo compañeros en ESPN que me han contado que el día que juega la selección no pueden ni comer de la ansiedad, que no logran dormir. Para un país como Argentina, y como tantos en Latinoamérica, urgidos de buenas noticias, el fútbol borra por completo cualquier tristeza.
La Hora: Cuando pase todo, gane quien gane, ¿qué es lo único que le gustaría llevarse de esta experiencia, algo que sepa que lo va a acompañar el resto de tu carrera?
Meléndez: Haber sido testigo, desde adentro, de lo que representa esta pasión. Y también algo más personal, que casi no comparto: tengo un hijo de 11 años que ya se da cuenta de lo que hace su papá, y ese es el mayor premio que puedo sentir en el corazón.
La Hora: ¿Qué significa representar a Guatemala en una cadena tan importante con ESPN y además estar en este momento viviendo junto con los argentinos uno de los momentos más emblemáticos de la historia?
Meléndez: Es un sueño cumplido. Lo digo pensando no solo en mis compañeros de redacción, producción o cámaras, sino también en la gente de cocina, de mantenimiento, en los guardias de seguridad, en quienes manejan los vehículos del canal: todos me han tratado muy bien, y de alguna manera uno también los representa a ellos.
Espero estar dejando en alto la imagen de los guatemaltecos: gente capaz de convivir, de compartir, de aprender y de demostrar que también podemos.
Entre números parejos, generaciones que se despiden y una posible última función de Messi, el mundo entero se prepara para vivir una final que promete quedar en la memoria del fútbol mundial.
En breve Argentina y España se juegan mucho más que una copa: se juegan un pedazo de historia.







