Von Uli Hesse
Londres
Agencia (dpa)

El KGB le siguió en Moscú y en Biafra le dispararon unos nigerianos. Y aunque tenía previsto dejarlo en 2016, el escritor Frederick Forsyth, que hoy cumple 80 años, celebra este redondo aniversario publicando una nueva novela, «The Fox».

Su mujer piensa que es demasiado mayor para seguir con sus aventuras, según dijo el propio escritor al diario The Guardian. Pero «yo no me puedo quedar en casa y escribir sobre pequeños amoríos felices desde mi escritorio», añadió.

Por suerte sigue saliendo material bueno de su pluma y el 20 de septiembre se publica en inglés su decimoctava novela, centrada en un joven hacker que accede al servidor del Pentágono y la CIA. Al igual que todas sus historias, ésta también se basa en hechos reales: le inspiró el caso del adolescente británico Lauri Love, que sufre del síndrome de Asperger.

Cuando era joven, el padre de Forsyth, un tendero que trabajaba duro, envió a su hijo un año a Alemania y a Francia para aprender idiomas, algo muy inusual en aquella época y que acabaría siendo determinante para el escritor, que nunca perdió su instinto viajero: «Yo era uno de esos jóvenes que tenía claro que no quería pasar toda mi vida en una pequeña ciudad», reveló a la BBC.

Cuando tenía 18 años, ingresó en la Royal Air Force, el Ejército del aire, y comenzó un entrenamiento que entonces lo convirtió en el piloto más joven. Pero dos años después consiguió hacer realidad su sueño de la infancia y se convirtió en corresponsal extranjero, primero para la agencia de noticias Reuters y después para la BBC en Francia, Nigeria y la antigua Alemania comunista.

En París fue testigo de los disturbios que se vivieron por el apoyo del presidente Charles de Gaulle a la Independencia de Argelia. Unos años después de su regreso como corresponsal de guerra en África escribió su primera novela «Chacal» (1971), que ha sido llevada a la gran pantalla en dos ocasiones y en la que ficciona un atentado a De Gaulle por parte de un asesino profesional a sueldo de una organización clandestina.

Frederick Forsyth escribió esa novela, que fue todo un éxito de ventas, en tan sólo 35 días, según contó a la BBC. «No es ninguna locura, si uno lo piensa son algunas veces 12 páginas por día, otros 35, y ya tiene uno una novela».

En la actualidad, agrega con modestia, necesita 45 días para escribir una novela. Y lo hace en máquina de escribir, porque es profundamente desconfiado con todo lo online.

Tras «Chacal» siguieron otros bestsellers como «El expediente Odessa», siempre con la fascinante mezcla de ficción y realidad, para la que documenta hasta el más mínimo detalle y en la que describe de forma muy convincente las maquinaciones internacionales. Ha vendido más de 70 millones de ejemplares.

Lo que entonces nadie sabía es que Forsyth trabajó para el servicio secreto británico, algo que reveló en sus memorias «Outsider» (2015), cuando ya habían pasado 55, 60 años de todo aquello. «Ya no existe Alemania del Este, ni la Stasi, ni el KGB, ni la Unión Soviética, así que ¿a quién va a perjudicar?» dijo.

No le pagaron por aquello, pero sí supo sacar partido de sus buenos contactos con el MI6, el servicio secreto británico al que le solía pasar las galeradas de sus novelas para evitar revelar detalles que fuesen delicados. El escritor comentó que a veces recibía las galeradas con comentarios o párrafos tachados, como ocurrió, por ejemplo, en «El cuarto protocolo», donde evitó describir con exactitud cómo se activa un arma atómica. No obstante, normalmente le decían «OK, Freddie!», según contó en una entrevista a la BBC.

El escritor asegura que ha visitado todos los escenarios de su novela, y en ocasiones a pesar de que suponía un riesgo para su vida. El viaje que realizó hace diez años a Guinea-Bissau para documentarse acabó siendo toda una aventura, pues al poco de aterrizar estalló una bomba a 500 metros de él y el presidente fue asesinado a machetazos.

En declaraciones al «Birmingham Post», el escritor recordó: «Cerraron de inmediato las fronteras y los aeropuertos, así que tenía la exclusiva para informar. Es divertido a los 71 que las cosas sean como en los viejos tiempos».

No es de extrañar por tanto que, a pesar de sus 80 años, no piense en jubilarse. «Cada vez que publico una novela, me digo: ‘Ya está. Tengo que dar de comer a las gallinas, salir a pasear con el perro, pescar, me voy», pero después ve algo que le llama la atención y «se despierta su vena de reportero y tiene que comprobar si realmente es así, confesó al Birmingham Post.

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