Por Fernando Vérkell
Spinetta publicó Kamikaze al inicio de la Guerra de las Malvinas, se trata de un material con una atmósfera íntima y acogedora. Es un error considerarlo acústico; Spinetta se apoya en su Ovation Legend 1617 la mayoría del tiempo, pero una gama amplia de instrumentos incluidos dotan al álbum de un aura singular. El lector puede escuchar Quedándote o yéndote, la décima canción del disco, para eliminar toda duda.
El álbum previo Only Love Can Sustain (1980) fue un intento fallido de crossover. Spinetta cantó una mezcla de jazz-pop, en inglés, con canciones ajenas y algunas propias, y no funcionó. Es un disco extraño, controversial, casi malo, parecido al Self Portrait de Dylan.
Kamikaze es un disco honesto. No tiene trasfondo político, pero sí es un disco anti-guerra. La confirmación de la pérdida de las Malvinas fue el golpe de gracia a la Junta Militar, que había desaparecido a miles de sudamericanos y que había creído que con escaramuzas podía vencer al Reino Unido de corsarios beligerantes. La guerra fue corta y dolorosa. Sirvió para el advenimiento del rock argentino y para el génesis de la democracia.
Spinetta abomina de la muerte, pero no de aquellos que la encuentran. Desprecia la guerra, pero no sus soldados. Las canciones no tienen correlación entre sí, nada más que el Flaco, acordes originales, su notación no-occidental (casi imposible tocar a Spinetta de oído) y una atmósfera grandiosa. No es un disco fácil, de todos modos. Hay que haber oído a Spinetta antes, hay que entender el estilo del músico, su contexto y el modo en que vino; su génesis y su posterior entrada al panteón del rock argentino: Kamikaze fue nombrado el disco 23 en la cronología de la grandeza del rock en español.
Ella también, la segunda canción del disco, es una favorita del que suscribe, “Ella es tan clara/ que ya no es ninguna”. Barro talvez fue escrita en la juventud del músico y lo acompañó en sus muchas giras. Y tu amor es una vieja medalla emula aquel verso de Yeats: “Mi amor pasó de moda como una vieja canción”. Casas marcadas emula la canción de protesta sin repetir el desenfreno de Báez o Guthrie ni el patetismo de los cantautores latinoamericanos.
Quizá haya discos inmediatos, del hoy-por-hoy, en la carrera musical de Spinetta y aun del rock argentino; pienso en El amor después del amor, en Pelusón of Milk, en Canción animal, en La era de la boludez, en La lengua popular, pero Kamikaze resulta ser un disco especial, porque todo músico, todo artista, siempre sentirá la necesidad de encerrarse en un cuarto y jugar a matar a la hidra.
Kamikaze es un disco honesto. No tiene trasfondo político, pero sí es un disco antiguerra. La confirmación de la pérdida de las Malvinas fue el golpe de gracia a la Junta Militar…








