Por Juan B. Juárez

Pintar y esculpir son para Domingo Peneleu su manera particular de pensar, imaginar, darle forma, expresar y comunicar su diversa y compleja experiencia existencial. Así, uno no sabría decir si es su cada día mayor dominio del oficio lo que propicia el ahondamiento filosófico y poético que se manifiesta en la evolución de su obra o si, al contrario, es la mayor complejidad de su mundo interior la que va exigiendo cada día recursos técnicos más apropiados para captar la forma y el sentido de sus sutiles intuiciones vitales. Sea cual sea el motor de su trabajo creativo, el caso es que se trata de un artista cuya obra, más que acusar cambios formales y refinamientos técnicos superficiales, evoluciona desde el núcleo mismo de su personalidad artística y humana.

Desde esta perspectiva podemos afirmar que con la serie “Diálogos” que presenta en la galería El Túnel, Domingo Peneleu accede a una especie de primera madurez, en la que su obra ya no se presenta como el espectáculo maravilloso de su mundo original y primigenio sino como reflexión o, más exactamente, como diálogo no exento de poesía y drama. Diálogo interior casi siempre atormentado que lo descubre como un ser escindido; diálogo también con sus semejantes, cálido, sabio y reconfortante; y diálogo, por último, con el mundo externo, tan conflictivo y lleno de obstáculos y peligros; diálogos, en fin, a través de los cuales el artista encuentra el sentido de su obra y de su existencia.

El diálogo como posibilidad de encuentro supone la existencia previa de la realidad como el lugar, la razón y el origen de un desencuentro primordial al que los cristianos llaman pecado, los existencialistas caída y que los psicólogos definen como incomunicación y neurosis. De allí que en los diálogos de Peneleu el encuentro que busca el artista se deja simbolizar como una escalera que es al mismo tiempo un puente, es decir como una construcción humana que restablece la comunicación entre el cielo y la tierra y también entre los diversos territorios de un paisaje humano común pero fragmentado.

El aspecto profundamente religioso de la obra de Peneleu es lo que le da ese carácter simbólico, solemne y ceremonial a las pinturas y esculturas que giran en torno al diálogo, el que expresa al mismo tiempo la angustia existencial de la soledad y la posibilidad de una conciliación en un plano de plenitud humana. La frágil arquitectura de las sillas, por ejemplo, señala para el que la ocupa no sólo una comodidad y una deferencia sino el lugar particular que ocupa en el mundo, precisamente por ser interlocutor y constructor responsable de ese mundo. De allí que sus personajes alargados como juncos del lago establezcan ahora un diálogo con la escultura y las formas clásicas, un diálogo que, más que un revisión de la historia del arte, tiene mucho de culto a los antepasados, y que hace que sus creaciones actuales trasciendan las circunstancias históricas y culturales que determinan su forma y contenido más evidente, y expresen, en lo profundo, valores éticos, estéticos y humanos que pertenecen a la universalidad artística, sin dejar por eso de estar enraizados en la cultura local; y que el artista mismo entable un diálogo constructivo y estimulante con la técnica y los materiales del que ha resultado esta obra que no sólo es más profunda sino más libre y que le abre un universo ilimitado de posibilidades creativas y reflexivas.


La inauguración

La muestra será inaugurada mañana de 11:00 a 18:30 horas. en la Galería El Túnel, Plaza Obelisco, 16 calle 1-01 zona 10. Teléfonos: 23673266 y 2367 3284. Estará abierta al público del 11 al 25 de mayo.

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