Por Carlos Alberto Cerda
Twitter: @CarlosCivis

VENTANA ABIERTA
Sin Señal de Perdón es una creación literaria que muestra una vida entre líneas, esa que pocas veces las personas se atreven a contar. Gloria Hernández lo hace desde el arte complejo del relato breve. Literatura de alto impacto, porque la autora con pocos párrafos, provoca una gran explosión en el entorno mental del lector.

UNA CONVERSACIÓN ÍNTIMA
Conversar con estos relatos, es vivir la sensación que siente la mano cuando se introduce en la geografía de una cabellera femenina de color negro que danza al ritmo del viento de la libertad puesta en cumbre, cuyos mechones vibran sin control, pero la mano sabe aferrarse al cuero cabelludo para mantener vivo el momento. Los textos no son, por fortuna, muy racionales, sino exquisitamente emocionales, que invitan a navegar en las aguas que saben fundir lo femenino, masculino y todas las combinaciones que trae consigo el género humano. El lector, sin darse cuenta, se aferrará a los textos con los ojos del alma dilatados, sabrá relacionarla con la sensación del cabello negro.

Cada relato de este libro se presenta ausente de todo dogmatismo, hay una honestidad literaria descarnada que, sin buscarlo, moviliza los aplausos de todos los lectores exigentes y sedientos de líneas humanas. El estilo que emplea la autora en la construcción de las oraciones en cada pieza muestra una candidez calculada, porque la historia en su conjunto es compleja, desafiante y psicológicamente intensa.

UN ATARDECER QUE NO TERMINA
Leí este libro tres veces, una en Managua, otra en Guatemala y la última en México. Siempre sentí un pendiente. Sin proponerlo, se convirtió en un encantador compañero de viajes. Cada vez que lo miraba no dudaba en abrirlo y retomar algunas de sus historias, con la misma emoción que nace del encuentro con una bella amante en un sitio seguro y lejos de la trillada vida socialmente correcta, tal y como dos anónimos me lo demostraron en un aeropuerto mientras vivían ciertas líneas del “Estado del tiempo”.

En Managua, con el calor que provoca la ruda honestidad, especialmente en la Avenida Bolívar; en Guatemala, entre los elementales prejuicios hijos a veces del buen clima, y, en México, en medio del arte y la diversidad locuaz en la calle Madero, descubrí algunas verdades sobre Sin Señal de Perdón: sabe alumbrar las esquinas secretas del alma, tiene un hilo que une la confidencia, la complicidad y la intimidad de los personajes y, finalmente, presenta un juego interesante entre las propias historias que permite al lector sospechar que éstas se encuentran emparentadas. El lector podrá jugar a convertir en primos amorosos, esos que se besan de vez en cuando, cuatro relatos: “Amante”, “Otra vez”, “Estado del tiempo” y “El arte de perder”. Estas historias tienen la intensidad y exquisitez del amor clandestino, vibran en el papel.

CONTRAGOLPES INESPERADOS
Entre las historias se esconden frases que pueden alterar el ritmo normal de la lectura: “yo siempre cayendo y tú, perdonando”, “su llanto le pertenecía”, “La traición más artera es aquella que se comete contra la propia dignidad” y, las que se pueden construir a partir de las imágenes tejidas con el blanco y negro de la pluma ágil y directa de la autora. Al interactuar con los relatos, y casi sin darse cuenta, el lector experimentará un diálogo interior sobre temas secretamente fecundos. Fácil detener un tren con este pasaje: “Fiera salvaje eres, que no pudo acostumbrarse a la ternura de mis manos. Tampoco concibes que te siga amando porque no alcanzas a entender más ideas que las tuyas (…) Comprende que la verdadera prisión eres tú mismo y que una mujer sin rostro, aunque no quieras, será la que, finalmente, te redima” (pp. 53-54).

MIRANDO FIJAMENTE SUS OJOS
En la primera lectura, reproché a la autora la escritura en primera persona. Deseaba un poco más de caracterización de los personajes en sus propios mundos, me resistía y negaba a leer una especie de diario personal. Pero en la lectura final, aprendí a degustar los sorbos de los relatos tal cual se presentaban y me embriagué del buen gusto en la dimensión de la fantasía literaria: del arte del relato corto.

SEÑALES DEL LIBRO
Sin Señal de Perdón (Magna Terra, Centroamérica, 71 pp.). Colección Conseja.

ELLA
Gloria Hernández: mujer de mirada profunda, nacida en 1960, cuenta con una Maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Rafael Landívar, algo que por cierto no la hace escritora, pero sí conocedora de la literatura de gran relevancia para estas latitudes. Lo que hace a Gloria Hernández una escritora digna de leer, es su alta capacidad de transmitir mundos psicológicamente complicados a través de breves relatos. Ya he conversado con ella, si café intermediario a través de su libro, y desde mi perspectiva, es una escritora representativa de la mujer que levanta su rostro y mira al sol mientras observa con curiosidad el mundo exterior y su propio yo para escribir con un estilo que desafía patrones literarios. Helen Umaña, en la solapa del libro, se refiere a Gloria así: “evita las posiciones extremas (…) De ahí su predilección por los grises de la dualidad humana”. Cierta postal en relato, prueba lo inverso e invoca la palabra “quizá”.

¡PREMONICIÓN!
Seguramente Sin Señal de Perdón se convertirá en una tentación perseguible por cielo, mar y tierra. Por ahora, el bocado se puede conseguir con facilidad acariciando la obra en las librerías de Guatemala. Estoy empacando nuevamente, y el libro me da señal de su tentativa de vuelo hacia mi maleta. “Quizá” lo lea por cuarta vez.

www.carloscerdaescritor.com

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