Samuel Flores

Periodista, fotógrafo y catedrático universitario, interesado en la recuperación de la memoria histórica del periodismo en Guatemala. Comprometido con la formación académica de la juventud mediante la investigación, verdad y justicia. Opositor a la corrupción, despilfarro y excesos cometidos por los gobernantes y funcionarios que se han enriquecido a base de la pobreza extrema de la población principalmente en el área rural.

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Samuel Flores

Con la deportación de 180 hondureños registrada ayer en puntos ciegos de la frontera con Guatemala, el ejército y la PNC intentan contener el éxodo de niñas, niños, mujeres y adultos de la tercera edad hacia los Estados Unidos. Sin embargo, los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador deben combatir la corrupción, el desempleo, la pobreza y falta de oportunidades para que los seres humanos no tengan que exponer su vida buscando el sueño americano.

Desde hace más de cinco décadas el denominado sueño americano mueve a millares de guatemaltecos que arriesgan sus vidas y de sus familias para llegar a los Estados Unidos. Y en vez de disminuir este fenómeno se ha incrementado de forma descomunal en el triángulo norte de Centroamérica y México. Hoy conocemos por el avance tecnológico sobre el peligro que afrontan los migrantes para llegar al norte en busca de trabajo y mejorar sus condiciones de vida.

Sin embargo, la poca transparencia con que los gobiernos han abordado la problemática de la migración, el fenómeno se ha incrementado por la desmedida corrupción de los gobiernos.

Y no es que en las décadas de los setentas, ochentas, noventas y en el siglo veintiuno no existiera corrupción. Lo que ocurre es que no se combatió y encontramos a políticos, empresarios, funcionarios, gobernantes, que se enriquecen en base a la pobreza de los guatemaltecos.

El gobierno estadounidense de Joe Biden envió a los países que integran el denominado Triángulo Norte de Centroamérica a funcionarios norteamericanos para conversar con gobernantes, funcionarios, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil sobre el fenómeno que sigue imparable.
El tema de la migración es fundamental para el futuro de Guatemala, no es solo el impacto en la vida individual, en su propia vida, pero también en el impacto de las familias, en las comunidades y para el país.

En Guatemala, el problema viene que el gobierno y el Estado no atienden el problema de la migración de forma transparente y con energía. Continúa el desempleo, la falta de educación –principalmente en el área rural, la ausencia de cobertura médica y oportunidades de superación. Eso genera la migración hacia Norteamérica.

Los enviados especiales del gobierno estadounidense deben endurecer su posición ante Guatemala y los gobiernos regionales. En Guatemala preocupa la elección de los magistrados a la Corte de Constitucionalidad, la no elección en las Cortes, el desmedido interés de los diputados que integran el denominado “Pacto de Corruptos”; en cooptar las cortes, así como los bajos salarios, horarios excesivos laborales de la mayoría de empresarios.

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