José Roberto Alejos Cámbara

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José Roberto Alejos Cámbara

Después de dos columnas especiales, vuelvo a los que fueron los primeros pasos de mi carrera política; pero vuelvo asustado al ver cómo se está conduciendo la elección del representante del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG) para sustituir en el cargo al fallecido magistrado, Bonerge Mejía, titular de la Corte de Constitucionalidad (CC). Por aproximadamente tres meses, distintos sectores han movido todas sus influencias para que sea electo quien les convenga ¡Asusta tanta manipulación!

Cuando los constituyentes creamos la Corte de Constitucionalidad (1986) y definimos cómo serían electos sus integrantes, se pensó en un ente garante del orden constitucional que evitara decisiones violatorias por parte de los poderes del Estado. De allí que el Ejecutivo Legislativo y el sistema Judicial nombren a sus representantes. Fueron incluidos también quienes ejercen la profesión del Derecho y la Academia. Esta última a través del Consejo Superior Universitario.

Pero asusta ver lo lejos que quedó aquel Colegio de Abogados que tantas veces fue citado por sus brillantes contribuciones al sistema democrático; hoy se muestra tan desprestigiado incluso a lo interno, de casi 33 mil colegiados solo acudieron a votar 6,151 profesionales según reportes periodísticos sin que se tuviera un ganador definitivo y que obliga a una segunda ronda electoral.

La batalla se da entre quien ha dirigido la Academia y ha estado relacionado con la graduación de muchos de estos profesionales y sus maestrías (Estuardo Gálvez) y un candidato judicial (Mynor Moto) cuyos votos (y no es el primero) vienen del poder y la coacción del gobierno en turno sobre quienes temen perder su plaza o bien buscan una en la Administración Pública.

No es la primera vez, en 1994 hubo que sustituir al jurista Epaminondas González quien fuera asesinado cuando ostentaba la presidencia de la CC, tampoco es nuevo ver cómo los sectores dominantes quieren tener allí, sobre todo allí, a quien los entienda o según ellos, los defienda, o como decimos muchos, simplemente a quien los ayude cuando sea necesario y pertinente.

Hemos visto, con tristeza y desacuerdo, que quienes han financiado la campaña del Ejecutivo siempre han presionado para que su delegado ante la CC también los represente a ellos, la Corte Suprema ha designado a quien los defenderá a futuro y lo mismo pasa en el Congreso, pero no se esperaba lo mismo de la Academia y del Colegio.

En la Academia hay muchos que trabajan para que ese sistema autónomo, que debe defenderse, cambie en muchos aspectos entre ellos la forma cómo se elige al Consejo Superior Universitario, al lograr ese cambio cambiarán muchos otros temas en nuestra tricentenaria Universidad San Carlos de Guatemala.

Pero en el Colegio el problema es la poca participación, una debilidad que se extiende en todo el país, y que se genera por el sistema fallido que no permite el surgimiento de nuevos liderazgos. Así como queremos hacer obligatoria la participación de la mujer en la política, hay que pensar, con seriedad, en hacer obligatoria la participación de todos los colegiados a cambio de no ser sancionados o suspendidos en el ejercicio de su profesión quizá así se refleje una verdadera representación del gremio ante el máximo ente constitucional. Siguen vigentes mis palabras…caminemos, participemos porque si no, no avanzamos.

 

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