Douglas Abadía

douglas.abadia@gmail.com

Politólogo, asesor y consultor político, miembro de Analistas Independientes de Guatemala, Docente Universitario.

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Lic. Douglas Abadia C.

El conflicto puede definirse como un proceso interaccional y que como tal nace, crece, se desarrolla y puede a veces transformarse, desaparecer, y/o disolverse, y otras veces permanecer estacionario.

El tema social abarca todo lo perteneciente o relativo a la sociedad. Al vincular ambos conceptos pues podemos afirmar que el conflicto social vincula el antagonismo de las partes en el ámbito colectivo no privado. Otra definición de conflicto es la que afirma que es “Situación que opone uno o varios estados con otro u otros, o con grupos de individuos o también con individuos aislados protegidos por el derecho de gerentes, respecto de la satisfacción de un interés simple o por la existencia, extensión o ejercicio de un derecho”.

En el caso concreto de Guatemala podemos afirmar que existen un sinnúmero de conflictos con tinte social, es decir, existen una serie de demandas de tipo social que no han sido satisfechas por parte de los gobiernos de turno a lo largo de la historia nacional.

El Estado de Guatemala ha sido débil o casi nulo en términos de generar las condiciones necesarias para evitar que existan elementos subyacentes dentro del tema de la conflictividad social en el país.

Según aproximaciones científicas de centros académicos guatemaltecos, somos aproximadamente 20 millones de chapines en una extensión territorial de 110 mil kilómetros cuadrados, obviamente un gran porcentaje concentrados en la ciudad capital.

La educación sexual deficiente y ultra conservadora, aunada a los efectos que la extrema pobreza trae, como vivir en hacinamiento entre familiares, donde surgen relaciones sexuales muchas veces a través de la violación y para ponerle la guinda al pastel, embarazo no deseado; por supuesto que existen cientos de factores que provocan que seamos un país sobrepoblado, los cuales trataré en próximas columnas.

El desempleo en el país se encuentra por las nubes, año con año se gradúan del nivel medio aproximadamente 150 mil jóvenes; lamentablemente nuestro país no brinda opciones para insertar laboralmente a esta cantidad de jóvenes que están empezando su vida productiva.

En parte, debido al fenómeno de la globalización, Guatemala ha sufrido cierto grado de modernización en sus ofertas de empleo, dando un paso en el tema de la diversificación laboral; logrando con esto mayor inserción laboral de personas que poseen profesiones u oficios que escasean en la tierra del quetzal.

La falta de un empleo formal ha obligado a los chapines a engrosar al sector de la economía informal; y en el mejor de los casos, emprender algún negocio pese a los altos casos de inseguridad y extorsiones que existen en el país y la falta de acceso al crédito para obtener capital semilla.

La falta de certeza jurídica aunado a la conflictividad social provoca que inversiones nacionales como extranjeras migren hacia otros países con mayor atracción para invertir sus capitales.

La sobrepoblación trae más efectos negativos que positivos para una sociedad, por lo regular en países tercermundistas, ante la ausencia del desarrollo sostenible, se garantiza la escasez y destrucción del medio ambiente, por mencionar un ejemplo de la magnitud del fenómeno.

Finalmente, una mayoría considerable de chapines seguirán reproduciéndose sin concientización, teniendo de 3 a 5 hijos por pareja, donde se seguirá fortaleciendo el círculo vicioso de la pobreza y la pobreza extrema, y por ende Guatemala ocupando una posición deplorable en el índice de desarrollo humano.

Lamentablemente Guatemala es una bomba de tiempo, seremos testigos de lo que está por venir.

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