Raul Molina Mejía

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Nació el 20/02/43. Decano de Ingeniería y Rector en funciones de USAC. Cofundador de la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) en 1982. Candidato a alcalde de la capital en 1999. Profesor universitario en Nueva York y la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Directivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG).

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Raúl Molina

La OMS, que en plena pandemia sufre el berrinche de Trump de cortarle fondos, ha tenido que desmentir la noticia falsa de que hubiese dicho que Guatemala era el país más seguro frente al COVID-19. En Guatemala, las mentiras y las verdades a medias de redes afines al gobierno reemplazan a la información de entidades y medios de comunicación social serios. Se informa de pocos casos de coronavirus y de fallecidos (196 positivos/5 fallecidos) en comparación con otros países; pero eso no tiene nada que ver con las medidas tomadas por Giammattei –sigue sin hacer pruebas generalizadas y acepta vuelos de deportados, en donde se han detectado numerosas personas con el coronavirus. Guatemala comparte condiciones de clima y temperatura con otros países que no presentan tantos casos -zonas del planeta entre los Trópicos muestran muchos menos casos que las regiones más asoladas, en Asia, Europa y América, al norte del Trópico de Cáncer. Guatemala es, además, uno de los países con menos pruebas realizadas en el mundo (402 por millón de personas). Sin pruebas, no se puede determinar el contagio; sin verificación de la causa de muerte, muchos fallecidos se reportan con diversas causales, sin saberse si ha sido el coronavirus la causa determinante. Los datos del país no se creen y con la cantidad de portadores asintomáticos que circulan, al igual que portadores con síntomas, la situación puede empeorar drásticamente.

Las situaciones de El Salvador (164/6) y Honduras (426/35) son semejantes a la de Guatemala, con políticas públicas dependientes de Washington. Tampoco se creen sus cifras, aunque Bukele se ha quejado de que casos positivos han sido personas derivadas de Guatemala. Las cifras de Nicaragua (9/1) están igualmente en cuestionamiento, por la crisis política por la que pasa ese país. Actúan con mayor transparencia Costa Rica (642/4) y Panamá (3751/103), que son los dos países que admiten más contagios. En el Caribe se distingue una cantidad menor de casos y de muertes, aunque sorprende que Cuba, con su gran capacidad de salud, informe de 27 fallecidos (¿heroicos voluntarios que fueron a enfrentar la pandemia a otros países o casos de contagio por viajes al exterior?). En América del Sur, hay circunstancias distintas de un país a otro, en función de las medidas de sus gobiernos. Brasil (30425/1924) es el peor caso; Bolsonaro despreció el peligro de la pandemia y tuvo que sufrir un golpe militar para que alguien más tomara las decisiones. En los demás países, la mayoría con gobiernos autoritarios de derecha, los sistemas de salud, en el marco del modelo neoliberal que los ha destruido, han sido incapaces de contener la pandemia, aun en la zona inter-Trópicos menos expuesta a la intensidad del virus. Caso particular es Chile (8807/105), con un gobierno ilegítimo como responsable del Estado –Mañalich, a cargo de la salud, se ha dado el lujo de contar entre los casos recuperados a las personas fallecidas. La incierta situación de Chile se deriva del vacío de “liderazgo”. Atemoriza la predicción de que el pico de la pandemia en América Latina y el Caribe llegará en mayo. El costo podría ser muy alto.

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