Carlos Figueroa

carlosfigueroaibarra@gmail.com

Doctor en Sociología. Investigador Nacional Nivel II del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Profesor Investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Profesor Emérito de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede Guatemala. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos. Autor de varios libros y artículos especializados en materia de sociología política, sociología de la violencia y procesos políticos latinoamericanos.

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Carlos Figueroa Ibarra

He leído atentamente lo publicado en redes sociales y prensa a propósito de la reacción del presidente del Congreso de Guatemala, Álvaro Arzú Escobar, con motivo de la renuncia de la diputada Vicenta Jerónimo a los beneficios que gozan los diputados. La confrontación entre Arzú y Vicenta no puede ser más representativa. El Presidente del Congreso representa inequívocamente dado su linaje todo el legado colonial que está presente en la oligarquía guatemalteca. La diputada del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) es una mujer indígena que por lo mismo encarna a la parte más oprimida y explotada (mujer, indígena y pobre) del pueblo de Guatemala. El primero es imputado como representante de la política venal agrupada en el llamado Pacto de Corruptos, además de ser representante orgánico de la más rancia derecha en el país. La segunda es una luchadora por los derechos humanos y de la naturaleza, los dos ámbitos depredados inmisericordemente por la lógica del capital

Más allá de lo simbólico que resulta esta confrontación a propósito del gesto político de Vicenta Jerónimo, mi experiencia política en México me hace ver su planteamiento de manera muy atenta. Vicenta ha expresado en consonancia con su partido la renuncia a un teléfono celular con llamadas ilimitadas y uso de internet, seguro médico y de vida, fondo rotativo de caja chica por 2 mil quetzales (aproximadamente 266 dólares) y a cinco de las ocho contrataciones de asistentes o asesores a los cuales tienen derecho los diputados. También a las comidas de mediodía que el Congreso les da los diputados para que puedan usar ese espacio de tiempo en reuniones de trabajo. Y si lo anterior fuera poco, Vicenta ha renunciado a la mayor parte de su salario (Q29,150: 3,890 dólares aproximadamente). La reacción de Arzú ha sido airada y ha acusado a Vicenta de demagógica (“populista, mediática”).

Acontece que de acuerdo con informaciones periodísticas un diputado/a guatemalteco además de su salario, recibe miles de quetzales más en dietas, bonos, aguinaldos y gastos de representación. Además, seguros de vida y salud que en conjunto implican una erogación de 16.5 millones de dólares anuales, fondo de caja chica por un total de 600 mil dólares. En suma, un despilfarro de dinero que resulta ultrajante en un contexto en el cual Guatemala tiene un 60% de pobreza (que aumenta a 80% en regiones indígenas) y 50% de niños desnutridos.

En México, desde las filas de Morena y del progresismo en general, hemos hecho bandera del aforismo planteado por Andrés Manuel López Obrador: “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. La lucha contra la corrupción y contra los gastos suntuarios de la alta burocracia ha sido implacable en los cuatro meses del Gobierno de la Cuarta Transformación. Honestidad y austeridad republicana han implicado ahorros en miles de millones de dólares para el gasto público. Por ello, no comparto que se diga que es demagógico y o diversionismo el planteamiento de Vicenta. Al contrario, lo saludo y lo comparto.

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