Adolfo Mazariegos

Politólogo y escritor, con estudios de posgrado en Gestión Pública. Actualmente catedrático en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala y consultor independiente en temas de formación política y ciudadana, problemática social y migrantes. Autor de varias obras, tanto en el género de la narrativa como en el marco de las ciencias sociales.

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Adolfo Mazariegos

Hace algún tiempo (no recuerdo exactamente cuándo), publiqué un artículo en el que hablaba acerca de los avances de la tecnología y de cómo estos han venido cambiando la vida humana a través de la historia, particularmente durante los últimos años, en virtud de que los avances de la ciencia y la tecnología parecieran ir, en nuestra época, a pasos más que acelerados. Quizá esto sea solamente una percepción mía, o tal vez no, quién sabe. Lo cierto es que en nuestro día a día hay cuestiones que no dejan de llamar la atención y que ponen a pensar, seriamente, en cuál será el destino cercano de la humanidad en tanto los avances tecnológicos y los cambios que estos producen sigan dándose de la manera y con la celeridad con que parecieran estarse dando en la actualidad. La inteligencia artificial -o IA-, es una muestra de cómo ha venido funcionando el asunto y de cómo es previsible esperar que funcione el mundo en un futuro cercano, a pesar de que en muchos casos ni siquiera lo percibamos porque, simplemente, dichas tecnologías han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana incluso desde nuestro nacimiento, tal como ha ocurrido con las nuevas generaciones, para quienes -por ejemplo-, vivir sin Internet sería algo sencillamente impensable, a pesar de que su aparecimiento no se remonta siquiera a 50 años atrás en el tiempo (su uso masivo puede decirse que comienza en la década de 1990). Aquellas películas de ciencia ficción basadas muchas veces en el pensamiento de autores como Asimov en las que los robots toman el control del mundo y desplazan a los humanos (a veces de forma violenta) han dejado de ser historias fantasiosas o utópicas, y según científicos y expertos en la materia, no es tan descabellado pensar que una situación así pudiera llegar a darse algún día si el tema se aborda con irresponsabilidad desde ahora. Claro, no es algo que vaya a suceder mañana mismo o incluso en nuestros días (o quién sabe), pero, más allá de las posturas fatalistas o que tienden a exagerar las consecuencias de ese atrevimiento humano, no debemos olvidar que el uso de la ciencia y la tecnología es un asunto serio, que debe asumirse con responsabilidad y en función de beneficios societales. La Inteligencia artificial ya es parte de nuestras vidas, queramos o no, en distintos niveles de aplicación y uso ya está en nuestros teléfonos móviles, en las computadoras de algunos vehículos, en los sistemas de automatización de hogares, en los motores de búsqueda de la web, en equipo y armamento militar de las grandes potencias, y en Google, Amazon y Netflix (por citar algunos ejemplos)… En fin, es algo con lo que ya convivimos sin saber exactamente en qué medida y con qué verdaderos fines, pero ello es, indudablemente, parte del costo que la humanidad tiene y tendrá que seguir pagando por tales avances que, desde el sencillo punto de vista aquí expuesto, son imparables.

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