Alfredo Saavedra
Desde Canadá.- Luego de un exhaustivo estudio realizado por la Real Comisión de Australia para la Institución de Respuestas al Abuso Sexual de Niños, emitió un reporte con 189 recomendaciones al dar a conocer un volumen en que figura entre esas recomendaciones la de presentar a las autoridades del Vaticano, presididas por el Papa Francisco, una vital petición para levantar el celibato obligatorio en el sacerdocio, dejando eso como una opción voluntaria para ellos en su práctica ministerial,
La mencionada comisión tiene un alto rango de respetabilidad y el estudio se basa en un trabajo de investigación desde el año 2012 que realizó su indagación del comportamiento de la iglesia Católica y otras instituciones durante los últimos decenios, según nota periodística de Associated Press, en la que se puntualiza que el clero está bajo responsabilidad de que el acto confesionario, al cual están sujetos, tenga la transparencia que supone el rito católico.
Sin embargo, se anota que el Vaticano en una inicial declaración no dio respuesta específica al cuestionamiento, pero oficiales católicos han negado que haya un vínculo entre el celibato y el abuso y han reafirmado la santidad de la confesión. Aunque una declaración preliminar dijo que el estudio era profundo y merecedor de un serio análisis admitiendo que habría un compromiso para cooperar con la Iglesia australiana a fin de que se diera un juicio con justicia.
Importante es la cláusula de una de las recomendaciones de la Comisión que especifica que los sacerdotes no deben ocultar si la confesión de una víctima de abuso sexual implica un delito ya que la secretividad de la confesión supone no encubrir actos reñidos con la ley. Se agrega en la nota periodística que la Comisión encontró que la Iglesia en sus respuestas a denuncias y preocupaciones acerca de los clérigos en Australia eran “notoriamente disturbantes y similares”.
Guatemala no fue ajena a la preocupación por el estado de celibato de los curas y entonces (era a mitad de la década de 1970) unos cuantos periodistas iniciamos una no muy bien acogida campaña para inducir a las autoridades católicas locales para que proyectaran hacia el Vaticano una iniciativa para autorizar a sus sacerdotes a que eligieran el matrimonio como fórmula para que el celibato no los hiciera incurrir en el quebrantamiento del “voto de castidad” mediante relaciones sexuales extramaritales.
En el pasado, hubo un popular sacerdote que, sin casamiento, tuvo una mujer con la que procreó varios hijos. Su honestidad en no ocultar esas situaciones creó simpatías hacia la pareja y sus hijos de parte de quienes proclamamos el derecho de los curas a formar un hogar. Por supuesto que el mencionado cura fue retirado de forma oficial del sacerdocio. Otro caso fue el de un popular sacerdote conocido como “el padre Chemita” de fama como activista social que lo llevó a ser candidato a la alcaldía municipal capitalina, pero también con una fama recóndita, pero real de sus amoríos a la par de su capacidad ministerial que lo convirtió en un operador de viajes, con lo cual muchos feligreses tuvieron oportunidad de conocer Tierra Santa, acampados del no muy santo sacerdote, asesinado en cierto momento tal vez -no hubo comprobación- por motivaciones pasionales.
Fue sentida la muerte del “padre Chemita” porque su popularidad fue resultado de una simpatía afianzada por su carácter cordial y de servicio a la comunidad, pero su vida terminó en tragedia de seguro por no atender la premisa que tiene validez para los sacerdotes católicos conforme la prescripción bíblica que como dirigentes religiosos deben atender para no caer en el abuso sexual: Es mejor casarse que quemarse. Amén.







