Francisco Cáceres Barrios
caceresfra@gmail.com

Rodeada de sinnúmero de vicisitudes la Consulta Popular que buscaba el Sí o el No para que Guatemala pudiera acudir a la Corte Internacional de Justicia y así poder decidir sobre el diferendo territorial, insular y marítimo que el país todavía mantiene con Belice, no con Brasil ni con México, como equivocadamente citaron algunos políticos mal informados. El evento finalmente se llevó a cabo el pasado domingo 15 de abril, con los resultados que la gran mayoría de chapines esperábamos, los que se resumen en que ganó el Sí y el abstencionismo de los electores, fuera porque no hubo suficiente información con antelación, como que habiéndose entrometido la politiquería, encabezada por el mismo primer mandatario quien, sabiendo de su baja popularidad trató vanamente de ganar adeptos, lo que no solo no pudo lograr, sino enredó todavía más los criterios de votar a favor de una ponencia que, hasta el más experto en derecho internacional sabe bien que los buenos resultados todavía se ven cuesta arriba. Ese es mi criterio, seguramente contrario al de los influenciados por el gobierno de turno.

No cabe duda que la consulta costó un dineral, lo que muy bien pudo haber sido utilizado para resolver asuntos vitales que la población viene demandando con tonos cada vez más fuertes, si se hubiera aprovechado racionalmente el costo de la infraestructura y demás cuantiosos gastos que de todos modos van a cometerse con motivo de las elecciones generales que se avecinan pero, está visto que lamentablemente no contamos con estadistas, ni con políticos capaces de conjuntar o planificar el uso de nuestros recursos de manera lógica y racional. Más grave resultó la actitud tomada por muchos de mis conciudadanos, incluso apoyada por algunos medios de comunicación que no quisieron ver la escasa concurrencia de electores, al punto, que a la hora de dar los resultados finales intencionalmente no se proporcionaron los relativos al abstencionismo, cuando ello era todavía más sensible en el interior del país.

De ahí que estoy planteando en el titular de este comentario la interrogante: ¿Qué va a pasar en cuanto al diferendo con Belice? ¿Nos vamos a quedar esperando hasta que San Juan baje el dedo para que su gobierno realice la Consulta Popular que le corresponde? ¿Seguiremos creyendo en la palabra empeñada por el mandatario y sus colaboradores para que efectivamente podamos lograr avances de los que tanto y engañosamente se anunciaron en la campaña para convencer a la población, para que una vez logrado el Sí mejore la economía, el turismo, las transacciones y en especial, las condiciones de vida de los chapines que viven en los puntos limítrofes con Belice?

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