Francisco Cáceres Barrios
caceresfra@gmail.com

La decisión presidencial de otorgar a cambio de apoyo, bajo presión sindical, una concesión salarial y de prestaciones por Q1 mil millones al magisterio público, pese a que su proyecto de presupuesto para el año 2018 el Congreso no se lo autorizó y sin contar siquiera con el respaldo u orientación de su Ministro de Finanzas para saber de dónde podrían salir los recursos para sufragarlo, es una clara indicación de lo desafortunada de la misma, como que los resultados de la gestión gubernativa actual siguen siendo claramente indicadores que seguimos caminando con un pie a la orilla de un precipicio y el otro sobre una cáscara de banano.

Para ser sinceros, la población no podía esperar algo distinto a lo que lamentablemente nos ha tocado ver en la primera mitad del mandato otorgado a Jimmy Morales, pues desde el primer día demostró inmadurez e incapacidad, sin embargo, cada día quedamos más asombrados de que no haya en su inmenso equipo de trabajo, que incluye tantos ministros, secretarios, asesores, consejeros, allegados o miembros del partido que lo llevó al poder, alguien que haya sido capaz de advertirle el cúmulo de reclamos de los servidores públicos que con iguales o superiores méritos van a reclamar similares beneficios. Es lamentable que nadie haya podido asesorar a la presidencia que la mejor manera de estimular a quienes tienen en sus manos el desempeño de una actividad son los incentivos, los que se perciben siempre y cuando ellos logren alcanzar las metas u objetivos establecidos.

Para colmo de lo desacertado de solo vivir otorgando bonos, aumentos de sueldo o canonjías, contradictoriamente al día siguiente en que los capitalinos nos vimos impedidos de poder movilizarnos en la ciudad capital debido a la invasión de manifestantes, todos maestros públicos, a quienes poco les importó dejar sin clases a la niñez y juventud guatemalteca, el flamante Ministerio de Educación presentó los pobres resultados de la evaluación en las áreas de lectura y matemática a los recién graduados del año 2017. Basta decir que “seguimos mal”, palabras textuales del viceministro del ramo, al enterarnos que solo el 32.33 por ciento lograron un desempeño satisfactorio en la primera materia y en la segunda solo el 9.60 por ciento de 148 mil 842 alumnos evaluados.

¿Alguien podrá entonces dudar de la mala preparación que está recibiendo el alumnado de quienes debieran impartir clases mucho más días que los pobres 180 que se les pide? De esa cuenta, cada día que pasa con tantos malos y corruptos políticos, peores servidores públicos e incapaces gobiernos, se ven más lejanas las esperanzas de que nuestro país logre por fin el tan ansiado progreso y desarrollo.

Artículo anteriorLa alianza en contra de la lucha anticorrupción
Artículo siguiente¿Cómo se le explica a un ignorante?