Jorge Santos

Dados los últimos acontecimientos en donde varios miembros de la elite económica, política, militar y del crimen organizado han sido capturados, implicados en casos de corrupción, evasión fiscal, lavado de dinero, asociación ilícita entre otros hechos delictivos, hemos visto cómo los mismos y sus representantes incrementan discursos alrededor del “amor a la nación” a la defensa de “nuestra” Guatemala, los cuales esconden sus aspiraciones dictatoriales y violentas.

Si usted busca la definición de nacionalismo encontrará que el mismo implica un conjunto de creencias que un determinado grupo de personas tiene sobre su sentido de pertenencia a una nación.  Esta idea de “sentimiento nacionalista” está asociada estrechamente al concepto de nacionalismo como ideología. El incremento de esta ideología atravesó distintas etapas, viendo su expresión más tenebrosa y violenta durante el siglo pasado, ya que gobiernos con tendencias de esta ideología como el nazismo en Alemania, el franquismo en España, el fascismo en Italia o las diversas dictaduras en Guatemala y en América Latinos dieron muestra de lo peligroso que puede resultar la exacerbación de los nacionalismos.

Estos “sentimientos nacionalistas” esconden tras de sí la defensa de un Estado Nación construida a la imagen y semejanza de las elites económicas, en donde la exclusión, la discriminación, el racismo y el empobrecimiento a partir de la expoliación de los recursos naturales y la fuerza de trabajo de la población, son la expresión más cruel de los Estados. Durante los últimos meses hemos podido observar estas expresiones nacionalistas, vaciadas de contenido por parte de actores vinculados con el ya conocido Pacto de Corruptos. Desde el violento discurso del Alcalde capitalino haciendo alusión al “rescate” de nuestra Guatemala o el diputado Felipe Alejos pidiendo a otros que usaran corbata azul como una muestra de supuesto amor a la patria.

Lo que debemos comprender es que este amor a la nación guatemalteca por parte de estas elites está asentada sobre los deplorables indicadores socioeconómicos y el atraso del país con el único objetivo del sostenimiento y ensanchamiento de la riqueza de estos mismos. Es decir, estos que dicen en sus discursos, en sus atuendos, en quienes pusieron banderas ayer en sus curules, que la Guatemala que aman y que desean rescatar es aquella donde alrededor de 60% de su población subsiste en pobreza, el 21% en indigencia, donde existe una de los más altos grados de concentración de la tierra y el ingreso en el mundo, donde sólo el año pasado, más de cien niños y niñas murieron por desnutrición, donde la discriminación, la exclusión y el racismo es la cotidianidad para la mayoría. El rescate de Guatemala para esta caterva de corruptos e impunes implica el mantenimiento de un modelo donde el migrante con sus remesas familiares siga sosteniendo la economía, donde ellos puedan continuar el saqueo y la evasión de impuestos como el mecanismo ideal de producción de riqueza. No se equivoque, esa no es la Guatemala que deseamos y defendemos, será otra y esa la construiremos desde abajo, muy lejos de las aspiración nacionalistas del Pacto de Corruptos.

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