Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt
@ppmp82

No importa qué termine pasando, el día lunes 21 de agosto del año en curso quedará marcado como la fecha en la que Jimmy Morales le puso fin a su presidencia y adelantó las resultas de un plan que era casi perfecto y que pasaba por elegir un Fiscal General ad hoc que cerrara los casos y sirviera de obstáculo para las nuevas causas judiciales.

Sometido por sus propios miedos, terminó cediendo a sus propias penas y presiones de terceros que han sido alcanzados o están prontos a ser sometidos por la justicia que busca combatir la impunidad y la corrupción. En esa lucha faltan algunos nombres, pero hemos dado pasos importantes que nos hacen creer que pronto más personas enfrentarán la justicia.

La información ha sido abrumadora y no deja duda de las intenciones de Morales, independientemente de que el viernes a las 5 de la tarde pida o no la cabeza de Iván Velásquez al frente de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Hay que recordar que el mandatario aún tiene una bala en la recámara y es declarar no grato a Velásquez para expulsarlo del país.

Y en estos días tan cruciales para Guatemala vemos de todo, desde quienes utilizan esto para seguir la polarización, quienes lo usan para intentar llenarse de gloria y quienes quieren aprovechar para intentar apuntalar el sistema, pues han sellado un pacto de sangre con el que no solo pretenden detener el avance de la justicia, sino que además desean volver todo al pasado y todavía, aspiran regresar al poder (formal o tras el trono como grupo paralelo).

Pero debemos enfocarnos. Sí, claro, primero hay que asegurar que Velásquez se quede, segundo que Aldana termine su período, tercero, que el nuevo fiscal siga en la misma línea de la lucha contra la corrupción y la impunidad y cuarto, que más mafiosos enfrenten la justicia.

Pero paralelamente, debemos discutir y acordar la ruta en la que conduciremos el país porque las oportunidades no florecerán en las condiciones actuales, la pobreza no disminuirá por el solo hecho que Velásquez y Aldana terminen su periodo ni la matriz general del Estado cambiará para mejor por el solo hecho que se gane este pulso que el Presidente decidió pelear anticipadamente.

Jimmy Morales nos ha obligado, con sus acciones, a hacer lo que él tanto renegó y que se traduce en que discutamos el futuro y las bases sobre las que deseamos construir una nueva Guatemala. Si seguimos con el mismo sistema de partidos políticos, de justicia, de compras, de rendición de cuentas y un largo etcétera, el futuro nos da certeza de más de lo mismo.

Hoy exigimos que las autoridades se vean para adentro para reconocer que “la volaron” como dicen algunos, pero lo mismo debemos hacer todos y cada uno de los ciudadanos, porque si no somos capaces de aceptar responsabilidad y de tener una firme determinación para cambiar la forma en la que ejercemos ciudadanía, perdemos solvencia moral y sobretodo, nunca podremos derrotar a un grupito pequeño, pero muy poderoso que no desea cambios.

Morales nos obliga a debatir lo que hemos renegado por años y eso es el futuro que deseamos para Guatemala. Hace unos días decía que estaba cerca el día en el que deberíamos tomar bandos, pero no imaginé qué tan pronto se presentaría esa necesaria definición.

Para construir un futuro diferente debemos caber todos, pobres y ricos, empresarios y empleados, ladinos e indígenas, habitantes urbanos o rurales y debemos entender que el día en el que de hecho terminó la presidencia de Morales, se presentó la nueva y última oportunidad que volvemos a tener para escribir una historia diferente cuyo desenlace dependerá del deseo de cambio que tengamos los guatemaltecos.

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