Alfonso Mata
La profundidad de la obra de transformación del sistema de salud, requiere de una orientación no solo audaz sino de vanguardia, experta y aguerrida, y eso a su vez, de un monolítico frente de funcionarios y administradores; situación de la que es ajena en la actualidad la actuación del MSPAS y el Gobierno. A eso hay que añadir que los funcionarios y el personal actual de la dependencia, carece de conciencia para cumplir con tal misión y por lo tanto, de decisión e iniciativa y en conclusión, no pueden ni han montado ni la estrategia ni la táctica para emprender los cambios necesarios, por lo que no han podido aglutinar en torno suyo a las comunidades, los sectores sociales, factor indispensable e insustituible, para que la obra de renovación pueda darse.
Hablar de cambios substanciales en la organización y funcionamiento del MSPAS, no puede ser referido a un solo programa (seguridad alimentaria, vacunación, salud reproductiva) en un solo lugar (medio rural o una zona). Tiene que ser algo que se dé simultáneamente en todos o por lo menos en los más importantes que maneja, pues la prevención, curación y rehabilitación de un conjunto de enfermedades, pese a sus particularidades, necesita de puntos de vista que son comunes a su causalidad y aparecimiento y que tiene que ver con desigualdades en vulnerabilidades y en riesgos en distintos grupos de población. La clínica –la atención a la enfermedad– representa la fase final del ataque de un problema de salud que se caracteriza porque la línea descendente de su desarrollo, tiene que ver con la descomposición socio-económica: a mayor ésta, mayor y más variada morbi-mortalidad.
El desarrollo de la salud y su mantenimiento – ha escrito infinidad de veces OMS/OPS – sigue un curso extraordinariamente desigual, especialmente en países como Guatemala y esto es consecuencia de factores socioeconómicos propios de la sociedad, que determinan disponibilidad y acceso a sistemas preventivos-curativos no dispuestos para todos y también a una actitud pasiva institucional y social ante ello.
De tal manera que bajo el manto de una sociedad injusta, inequitativa, tiene lugar un desarrollo ambiental, humano, económico y político desigual y dentro de ese escenario, no solo diversos sistemas de salud y sus proveedores (agrupaciones monopolísticas) muchas veces actuando de forma injusta y deshonesta, detienen el potencial de acceso y utilización de servicios a grandes conglomerados de población y generan la imposibilidad de redistribución para contener los problemas, lo que trae consigo la profundización y agudización de la morbi-mortalidad y el debilitamiento de las condiciones apropiadas para una buena salud de los habitantes.
¿Qué es lo que impide romper con esa situación? ¿Qué es lo que permite esa debilidad? Por supuesto que es una combinación de situaciones: la falta de cumplimiento constitucional de derechos humanos, la inexistencia de un mínimo de desarrollo agroindustrial y acceso a los medios de producción, un deficiente sistema educativo, laboral y de salud, contaminación y deterioro ambiental; en otras palabras, una ley y actuar de desarrollo desigual, fortalecido por distancias económicas y políticas entre grupos, que dan sostenimiento a un sistema político y una falta de maduración social, para aventajar e implantar un régimen de Gobierno soberano y de derecho, el único lugar donde puede florecer la salud.
El campo de desarrollo de la salud, es uno de los más importantes para el desarrollo social, pero esa afirmación no es tan lineal de causa-efecto como se ha pretendido interpretar. Los cambios que se pueden y operan en el bienestar físico, mental y emocional de una persona y los grupos humanos, se hallan condicionados por los resultados que se dan en el campo de las relaciones laborales, tecnológicas, económicas y políticas de una nación. De tal forma que resolver ese problema de la dicotomía salud-desarrollo, desarrollo-salud, no consiste solo en plantear cuáles son las causas que determinan el desarrollo o no desarrollo de la salud y de resolverlo a través de planteamientos políticos de “beneficio-benefactor”. En juego entra el medio geográfico, ambiental, económico, productivo en que se mueven las personas y que son los que determinan al final, las relaciones sociales y ambientales y dentro de este, cómo pueden desarrollarse la salud y otros derechos, en una nación y cada uno de sus grupos.







