Muchas han sido las voces que dan la receta sobre lo que, según sus intereses, es lo que más necesita el país y se hace en la misma coyuntura en la que deberíamos tener claro que sin reformar el sistema en su conjunto, nada cambiará.

Se ha generado una discusión muy apasionada y polarizadora sobre el tema de las reformas al Sector Justicia en lo que algunos han querido pintar a los proponentes como impulsores del comunismo o socialismo. No se quieren dar cuenta que la corrupción no tiene ideología.

De igual manera, se ha hecho una campaña de ataques contra las instancias de persecución penal, es decir, el Ministerio Público y la CICIG, diciendo que se han excedido en sus funciones al ir tras personajes de influencia en el mundo político o empresarial.

Lo que tenemos que tener claro es que los procedimientos como están nunca nos garantizarán el pleno funcionamiento del Estado. La única garantía que podemos tener para eso, será la transformación de los procedimientos que se han vuelto la costumbre para el «éxito» de aquellos que han amasado sus fortunas por corrupción, evasión, defraudación o cualquier tipo de ilícito.

Es una pena que poderosos sectores sigan siendo demasiado tolerantes con lo ilícito. Tenemos el ejemplo de la Terminal de Contenedores Quetzal que ha gozado del apoyo incondicional de una Procuradora General de la Nación, quien hasta interpone recursos a favor del cuestionado funcionamiento de la empresa que se aprobó, presumiblemente, con una mordida de 30 millones de dólares.

O con quienes se ponen a criticar, indignados, la que llaman «brutal» persecución penal mientras jamás nos indignamos por los niveles de pobreza y abandono que marcan la triste vida de la gran mayoría de los guatemaltecos.

Es entonces cuando creemos que se están pidiendo cambios cosméticos, porque obviamente no hemos entendido que la tarea del Estado, incluyendo a su sociedad, es arrancar de raíz las malas prácticas de la corrupción y la impunidad.

No es con la farsa de reforma a la ley electoral de partidos políticos, ni con la recortada y modificada que se le quiere dar a las propuestas de reforma al Sector Justicia como vamos a resolver el gran problema nacional.

Necesitamos una sociedad comprometida con su país; autoridades comprometidas con la ciudadanía y un Estado con amplia observancia de la ley. Ya no podemos seguir funcionando en el sistema de transa en que se ha venido trabajando en muchas esferas guatemaltecas. La transformación tiene que entenderse como algo inevitable y tiene que ser profunda.

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