Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt

Con eso de conmemorar el aniversario de la paz, que en nuestro idioma significa en sentido positivo un estado de tranquilidad y quietud, y en sentido negativo la ausencia de guerra y violencia sigo creyendo que se hace mucho ruido sin razón ni justificación alguna. Insisto en decir que de un tiempo a esta parte a quienes les gusta politiquear (intervenir en política o hablar de ella en forma superficial y poco acertada) se dedican a fomentar el montaje de espectáculos o ceremonias, en sitios especialmente escogidos para el efecto, en donde los discursos, luces, adornos y el resto de su parafernalia podrán resultar llamativos pero, en cuanto a conclusiones y resultados se refiere, tienen muy poco éxito y fundamento.

¿De qué sirve todo ello si a la vuelta de la esquina el ciudadano sigue viviendo dentro de un marco alarmante de intranquilidad, zozobra y violencia? A mi juicio, cabe la razón a quienes dicen que hace 20 años se firmó entre el gobierno de aquel entonces y un grupo de guerrilleros derrotados un “cese al fuego”, pero jamás lo que se dio en llamar “acuerdos de paz”. Con una escasa concurrencia popular, como de pocos que tuvieron participación en dicha firma, nuevamente no se pasó de hacer mucha bulla, pero sí representó gastar mucho dinero, en vez de haberse utilizado en asuntos de verdadera importancia nacional. Derrochar Q275 mil en esa pantomima duele mucho, especialmente a quienes no tienen ni una sola moneda en el bolsillo para comprar las medicinas que faltan en los hospitales.

Contradictorio me resultó escuchar de políticos trasnochados que no se destacan precisamente por méritos de estadistas, mucho menos de pacificadores, sino que por su constante aprovechamiento coyuntural, que la paz sí es posible en Guatemala, cuando la verdad es que no pudieron ni han podido cumplir con sus promesas electorales. ¿Es que nunca van a entender que no estamos viviendo un clima de paz y tranquilidad en nuestras calles, caminos, ciudades o poblados, de tal manera que la gente honrada y trabajadora, que gracias a Dios es la mayoría de nuestra población, pueda salir de sus hogares a cumplir con sus deberes con la certeza de regresar sano y salvo?

Creo entonces que ya es tiempo de ponernos a trabajar en las cosas importantes, las que le urgen a nuestro país, dejando de lado la inveterada manipulación, el engañoso juego de palabras y el engatusamiento a la población, lo que nos lleva inexorablemente a terminar de abrir las heridas causadas por un Conflicto Armado Interno que no trajo nada bueno para el país desde su inicio y peor aún, al final del mismo.

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