Según noticias divulgadas en periódicos guatemaltecos, especialmente en El imparcial, Nuestro Diario, y el Diario de Guatemala, de 1928 a 1934, Augusto César Sandino, llamado también Augusto Cosme, nació el 19 de mayo de 1893, en el pueblo o villa de Niquinohomo o La Victoria, hijo de Gregorio Sandino y Margarita Calderón. Algunos aseguraban que Gregorio era su padrastro. Sandino murió, asesinado, el 21 de febrero de 1934.

El aspecto de Sandino se dice que era de un muchacho de 30 años, de baja estatura, de tez blanca y regulares facciones. Dedicado al negocio de granos entre su pueblo y los vecinos. Vestía camisa, sin saco, antes del caqui militar.

Enterado de que la Marina de Guerra de Estados Unidos se había instalado en su patria Nicaragua, decidió luchar por la independencia de su país, así reunió a hombres campesinos iletrados para expulsar a los invasores.

Sandino y sus tropas se apoderaron de algunos territorios, desde donde luchaban para expulsar a las fuerzas de ocupación. Fue perseguido como era lógico, en tanto invadía propiedades americanas. Las autoridades de Nicaragua y los norteamericanos los tomaban como bandoleros. En 1921 se dice que hirió a una persona de un balazo en la pierna y por ello huyó a Honduras. Algunas veces salió a México, donde se hospedaba en la casa del doctor Zepeda y por allá informaba de sus principios guerreros.

Alguna vez pasó por Guatemala, con nombre supuesto y se hospedó en el Hotel Colón, durante dos días.

En México fue ayudante de Pancho Villa, allá contaba con muchos partidarios y admiradores de su lucha en bien de Nicaragua.

Al volver a su patria continuaba en sus actividades rebeldes, aunque sus padres le pedían se rindiera y entregara sus armas, pues contaba con rifles alemanes y chalupas labradas por los indios. Se comentaba que lo apoyaban en Moscú y que recibía dinero de los comunistas mexicanos y de Nueva York. Se afirma que cuando los sandinistas caían en manos del gobierno eran quemados vivos, por ello a los norteamericanos los calificaban de crueles, asesinos y torturadores.

El general Chamorro, exdirector de Nicaragua, deseaba volver a la Presidencia, en las elecciones de 1928, posiblemente por eso se acercó a Sandino y de él dijo que era bastante blanco, locuaz, con acento mexicano y hablaba muy de prisa.

Pasaba el tiempo y muchos hombres se unieron a la causa sandinista. La Cruz Roja lo apoyaba. El periodista Carleton Beals entrevistó a Sandino, por cinco horas, en un lugar secreto, y encontró que tenía facilidad de expresión. En ese momento Sandino le aseguró que no se rendiría ni abandonaría su lucha.

Sandino llegaría a la paz pero con sus condiciones que no se dieron a conocer, aunque indudablemente una de ellas era pedir el retiro de las fuerzas de Estados Unidos, de lo contrario insistiría en la desocupación de la Marina de Guerra norteamericana. Su movimiento era nacionalista y pensaba morir defendiendo la libertad de su patria para cumplir con su deber de hombre.

A Sandino le ofrecían dinero para dejar las armas, pero él no aceptó. Muchos centroamericanos lo apoyaban, incluyendo a Guatemala por medio de Amanda Montenegro y M. Vargas Vila lo admiraba y prometía viajar para conocerlo.

Después de muchas reflexiones, Sandino decidió hacer arreglos para el desarme, y así llegó a la casa del ministro de Agricultura Sofonías Salvatierra para dialogar, pero esa casa fue asaltada y asesinaron a Augusto César Sandino, a traición. Sacasa dijo que él no tenía nada qué ver en el crimen, Anastasio Somoza ofreció hacer las averiguaciones para encontrar a los responsables. El hecho se volvió polémico y difícil de aclarar. Mientras tanto en Hispanoamérica se le conocía como héroe inmortal. Prueba de ello es que se le sigue mencionando, aunque en su patria se prostituyen sus principios.

En los periódicos guatemaltecos se lamentó ese crimen y Sandino fue elogiado. El poeta Francisco Méndez, en la última estrofa de su poema «Sandino» manifestó su sentimiento.

Dejó un penetrante olor a león, una nube de polvo, la misma que los toros bravíos cuando huyen por la ladera arriba, con los cuernos condecorados de juncos y de zarzas (Quiché, marzo 1933) (El Imparcial, 8 abril 1933).

Rafael Arévalo Martínez en su soneto a Nicaragua dijo:

Sandino te salvó. Tomó tu afrenta sobre su espalda de titán, sangrienta, tal como redentor. Llamó a la historia. Y vienen las naciones, en la cuenta de Nicaragua, el precio de su venta saldado con su sangre y con su gloria.

(La Hora, 1 febrero 1947)
Catalina Barrios y Barrios

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