Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt
Hay gente ilusa que sigue creyendo que en Guatemala algo es mejor que nada y que nos debemos conformar con quien parece, léalo bien, parece menos peor y eso justamente es lo que nos tiene en las ruinas como estamos al día de hoy.
La gente pensó que en lugar de reformar al Estado y dar paso a un nuevo sistema, era mejor escoger a quien se decía mañosamente “ni corrupto ni ladrón” en lugar de elegir a una señora que ya se había mostrado corrupta y ladrona mientras ejerció el poder cuando usaba a Álvaro Colom como esposo.
La gente creyó que en lugar de reformar, era mejor ir a las “alegres elecciones” a elegir congresistas, sin darse cuenta que el Congreso actual era igual o peor que el anterior y que no iba haber nadie, ni Nineth Montenegro, que alzara la voz en contra de los vicios del sistema en general, especialmente los del Congreso.
Y por eso es que ahora, otra vez, estamos debatiendo si nos queremos morir de un paro cardiaco o de un paro respiratorio, porque eso es lo que representan Mario Taracena y Oliverio García Rodas. Elegir entre uno u otro es como entrar a un cuarto de torturas y decidir entre ser torturado con agua o con fierros calientes; puede variar las formas, pero la tortura está garantizada.
Para definir a Taracena y a García Rodas hay que usar un chiste del internacional Velorio: `una persona entra a un bar, pide un trago y le preguntan, ¿para católico o para evangélico? El cliente pregunta por la diferencia y le dicen: el católico lo pide, canta, baila, hace relajo, alega y se va, a lo que el comensal pregunta, ¿y el evangélico? Ese lo pide, callada la boca se lo toma y se va.
Pues esa es la diferencia entre uno y otro, Taracena es un bullanguero y García Rodas es matalascallando, pero ambos hacen de las suyas, son parte del sistema y no hacen nada para cambiarlo; en palabras del chiste, ambos se echan el trago.
Ayer era Otto Pérez y ahora es Jimmy Morales, pero el problema persiste. Antes era Eduardo Meyer o Pedro Muadi y ahora Mario Taracena, pero las cosas siguen igual aunque se ha hecho lo suficiente para dormir a unos cuantos ilusos. Antes era “El Rey del Tenis” y ahora es Blanca Stalling la que tomó por asalto a las Cortes y eso es lo que nos tiene que hacer ver que el problema es más que de nombres.
El Ejecutivo, empeñados en demostrar que el “corrupto ni ladrón” era una mentira tan grande como la de Cohesión Social, se lanzó a afianzar el sistema y por eso pactaron para hacerse de la CSJ y ahora lo están haciendo para hacerse del Congreso porque, además, ya les pasaron el norte desde el Mariscal Zavala que no se dejen y que “aprendan la lección de lo que le pasó al Patriota”
Y ese error de creer que peor es nada, no solo le pasa al ciudadano común y corriente, sino también le ha pasado a muchos actores principales que a pesar de ver los históricos vicios o enfrentar por décadas a los más grandes delincuentes, siguen pensando en la “buena fe” de los cooptadores y de los guardianes del sistema, y ese es justamente el problema, que esa indiferencia o complicidad cada día es más garantía de que nada va a cambiar.
Y viendo todo lo anterior, especialmente la indiferencia ciudadana, es cuando uno se tiene que preguntar si en realidad tenemos salida.







